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miércoles, 11 de enero de 2017

1. Último discurso

Qué maravilla el discurso de despedida de Obama. No se me ocurre nada mejor a lo que dedicar hoy 52 minutos.




Para rebajar la emoción, recomiendo este desapasionado balance que le dedicó el Economist, un balance que se complementa bien con estas certeras palabras de Arcadi Espada:

'Obama deja la presidencia con su país cerca del pleno empleo y con millones de americanos acogidos por primera vez a un seguro de salud. Aunque su legado fundamental haya sido su resolución de tratar a los americanos como adultos y su aversión a la política como pócima: la vida social trae conflictos difíciles. Es probable que haya cometido errores, especialmente en la política exterior. Habrán sido errores meditados.'

Por si no fuéramos a echarle de menos lo suficientemente, Obama será sucedido por Donald J. Trump, un señor que no ha ofrecido en los últimos meses más que el fastuoso espectáculo de su pequeñez (en riguroso directo, eso sí, gracia a tuíster) y que me inspira visiones tan catastrofistas que no me atrevo a empezar a ponerlas por escrito.

Mejor entonces dejar los catastrofismos de lado y escuchar de nuevo, una vez más, las sabias palabras de este último discurso del Presidente Obama: mantengamos la esperanza, mantengámonos vigilantes. Y dispuestos a comprometernos, si fuera necesario.

Gracias por todo, Presidente.

jueves, 18 de agosto de 2016

7. Evolución vertiginosa.

Las terribles y conmovedoras imágenes del pequeño Omran Daqneesh, rescatado ayer de entre los escombros dejados por el enésimo bombardeo a Alepo, ilustran hoy un texto en El Mundo al que hay que reconocer su rabiosa originalidad. Porque en el mismo texto en el que nos habla de la triste historia de Omran (sin exagerar, porque el conflicto sirio nos lo sabemos ya al dedillo) el periodista ya nos reprocha nuestra indignación y nuestro acongojamiento pasajeros, nuestros viralizantes clicks inútiles y nuestro más que predecible olvido. Tres fases  que hasta hace poco (hasta ayer, diría yo) requerían unos tiempos y que el autor condensa en unos cuantos párrafos. Habrá que felicitarle pues por habernos ahorrado un tiempo muy valioso, aunque para ello haya tenido que demostrar que es más listo que todos nosotros.

Dicen que los medios están evolucionando a una velocidad vertiginosa y va a haber que creérselo.

sábado, 9 de julio de 2016

6. De progresivos y progresistas

Pasé el último finde en Barcelona con la excusa de un festival de rockeros progresivos, ya saben: gente sospechosa que ha escuchado más a Pink Floyd y a King Crimson que a los Beatles. Por la fastuosa obra del nuevo Consistorio del Cambio no me pregunten, aunque les diré que vi las Ramblas tan llenas de guiris prácticamente pickles como siempre. En cuanto al festival, les dejo aquí el tema con el que cerró el cabeza de cartel, Steven Wilson.  Si tienen ocho minutos que perder, escúchenlo, vale la pena:


Antes de ir a lo que iba (porque esto no es un blog musical, por si no lo habían notado), señalaré la presencia en el festival de los franceses Magma, que cantan en un idioma inventado. Mérito doble éste siendo como son franceses, y triple si se considera que lo llevan haciendo desde 1969.

Lo que yo quería contar, no sé muy bien por qué, es que coincidí en el aeropuerto a mi vuelta con Raül Romeva. Se acordarán de él: un excomunista al que pusieron al frente del fallido movimiento Catexit hace mucho tiempo (político), antes de la convulsión británica y la era del cambio que viene oh oh. Alto hasta para mí, de espalda recta y ancha enfundada en una chaqueta impecable, por un milisegundo estuve tentado de acercarme a saludarle y a hacerle una de esas preguntas que siempre he querido hacer a estos supuestos progresistas que se ponen a la cabeza de  movimientos secesionistas o soberanistas, por definición insolidarios: si se sigue considerando de izquierdas. Seguramente no lo hice porque estaba demasiado concentrado en terminar de procesar la cerveza del día anterior... o quizás simplemente estaba demasiado cansado de reformular esa pregunta, que es la pregunta de siempre. Quizás me habría animado de haber haber tenido a mano un admirable artículo que publicó unos días después Félix Ovejero en El País, y en particular este párrafo a propósito de los soberanistas de Podemos, señalando...
... la frívola despreocupación con que Podemos suscribe desde siempre —en eso no ha cambiado— ese extravagante derecho a decidir (“de las distintas naciones”), que inutiliza todas sus otras propuestas. La defensa del Estado de bienestar, de la sanidad o la educación resultan trampantojos cuando unos ciudadanos pueden decidir que la redistribución no va con ellos; que la caja común de la Seguridad Social deja de serlo; que una parte del país de todos, los hospitales, las universidades o los trabajos, solo quedan abiertos para unos pocos. Los problemas que ya experimentamos con las tarjetas sanitarias plurales o con esas exigencias lingüísticas que importan más que doctorados al encontrar trabajo, pero a lo bestia. Podemos, como otros antes, puede contentar a parroquias locales; eso sí, a fuerza de desmontar su proyecto. Una historia clásica de nuestra izquierda. “Cada uno es responsable de su parte y nadie es responsable del estrago”, escribía un poeta.

Habría estado bien, en definitiva, poder acercarse a Romeva señalando estas líneas y pedirle, educadamente, que las rebata si es que puede.

Pero en fin, no se dieron las circunstancias adecuadas. Probablemente fue para bien, porque estuvimos atrapados en el aeropuerto varias horas y la cosa podría habérsenos ido de las manos y haber acabado fundando un partido. El caso es que muy probablemente habría dejado pasar todo esto si hace poco no me hubiera encontrado con un texto de Daniel Gascón, elocuentemente titulado La disposición conservadora (celebrado también por Espada). Un resumen de las razones de los conservadores expuesta por el pensador Michael Oakeshott que resulta especialmente pedagógico y necesario en estos tiempos: basta ver algunas reacciones a la reciente victoria del PP para convencerse de ello. Pero casi tanto mérito como la exposición de argumentos tiene el encuadre de Gascón, del que resalto este párrafo:
 Yo no soy políticamente conservador. Creo que muchas tradiciones contribuyen a la opresión y reprimen la libertad individual y a veces los gobiernos deben ir un poco por delante. Los símbolos del conservadurismo están lejos de mi educación sentimental, de mi socialización política y de mis referentes culturales.
Un párrafo que resume bien el motivo por el que merece la pena ser progresista, pero que también señala la trampa mortal del progresismo y de cualquier otra ideología: los símbolos. A los que tanto apego tenemos, porque forman parte de nuestra educación sentimental. Por eso muchos prefieren dejarlos intactos, aún a cosa de sacrificar en su lugar los principios. Este párrafo me hizo entender que quizás Romeva, como tantos otros, vivan en medio de sus brutales contradicciones por un comprensible miedo a sacrificar sus símbolos. Hasta que lo entiendan, o se lo hagamos entender, mientras que persistan las razones  que señala Gascón merecerá la pena seguir considerándose progresista. Y mientras haya artistas como Steven Wilson, me permitirán que lo diga para cerrar esta entrada, merecerá la pena seguir escuchando rock progresivo.

sábado, 30 de enero de 2016

3. Etiquetando

Me manda mi amigo N. un artículo titulado “Reflexiones socialdemócratas” porque sabe que me gusta coleccionarlos (como a otros les gusta coleccionar insectos). Me subraya este párrafo:


"Ahora bien, la socialdemocracia no puede aceptar transacciones entre igualdad y bienestar. Consideren, por ejemplo, la siguiente alternativa: por un lado, una sociedad donde la fracción más rica tiene asignado 10 y la más pobre 5 (una desigualdad de cinco puntos); por otro lado, una sociedad donde la fracción más rica tiene asignado 7 y la más pobre 4 (una desigualdad de tres puntos). La igualdad sería mayor en esta última sociedad, pero el bienestar menor (también menor para la fracción más pobre). Desde el punto de vista del sector con menores recursos, no tendría sentido sacrificar su bienestar a cambio de una mayor igualdad. Esta opción difícilmente sería respaldada por los votantes."


Leo el artículo, que es interesante, y pienso en la etiqueta socialdemócrata... con cansancio. La única etiqueta que me interesa a estas alturas es la etiqueta de racional. Porque lo racional es defender, como el autor, que hay desigualdades tolerables y que deben ser valoradas en su justa medida, sin olvidar sus potenciales efectos negativos (que existen). Pero ahí está el debate: cuánta desigualdad es tolerable y cómo intervenir para modularla. Un debate que debe ser afrontado - sí- racionalmente, con datos. Y quien lo niegue, independientemente de que se tenga por socialdemócrata à la Podemos, hegeliano, ecocomunista, carlista o libertario, para mí sólo será un oscurantista. A menos que presente pruebas convincentes.


***


La polémica por la visita del presidente Rohani ha tenido el nivelazo de todas las polémicas análogas que han surgido en los últimos años (¿es normal que empiecen a aburrirme?). Pero al menos he hecho un descubrimiento valioso gracias a Roberto Saviano: la Venere Callipigia. De nada:


***
Viendo casas, que es una ocasión para ver a la gente que hay dentro de las casas. En la de hoy nos recibe una señora diminuta. En las paredes, fotografías enormes de juventud, con su marido en la playa  (pelo en pecho y chancla de goma él, sorprendentemente exuberante ella). La cocina, alicatada como para sentirse en el interior de una caracola gigante. En la entrada, un pequeño busto del Duce y otro más grande en el salón, encima de la tele.  


Aunque el día empezó políticamente bastante mal, mejora sustancialmente con una columna de Savater en la que se ventila a integristas, islamófobos y nacionalistas en dos párrafos. También leo que Arcadi ha aparecido en Il Venerdì di Repubblica. Le he pedido a mis suegros que me lo guarden, ya lo leeré cuando pasemos por allí.



Porque los verdaderos socialdemócratas creemos en los incentivos.

domingo, 27 de septiembre de 2015

My own personal catalan compilation

No sé si se habrán enterado, pero hoy hay elecciones en Cataluña. Como les conozco como si les hubiera parido, les imagino consumiendo compulsivamente columnas, tuits y titulares mientras se acerca el emocionantísimo recuento final, en el que descubriremos si los que aspiran a la Declaración Unilateral de Independencia a secas obtendrán la mayoría absoluta o si necesitarán de la ayuda de los que aspiran al "combo" DUI + revuelta popular (aspiración que suele ser convalidable por un sillón en la consejería de cultura o en la de vivienda en las democracias avanzadas). Para contribuir a saciar su apetito de análisis, y con la tranquilidad absoluta de que mis palabras no influirán en la voluntad del pueblo catalán, que está lanzado, les dejo aquí unas cosas que he escrito en los últimos años sobre el dichoso tema para que vayan matando los nervios. Y que el ritmo no pare:

- Recordemos que en su momento quisimos empezar por los principios, señalando una renuncia inexplicable.

- También hicimos algo de trabajo de campo y, tras un par de paseos, hablamos de los balcones de Barcelona (ideal para el día antes) y de una ventana de Edimburgo  (ideal para el día después).

- En un día bueno, decidimos dedicarnos a explicar las palabras del maestro y casi nos sale un ensayo sobre su obra.

- Tampoco pudimos evitar comentar las palabras de uno de los líderes del bando aficionado a las antorchas, que expuso con notable claridad y capacidad sintética sus intenciones.

Y, cómo no, también escribimos algo en vísperas de la penúltima jornada histórica. Así que no se pongan melancólicos cuando pase la de hoy: seguro que habrá más.

miércoles, 25 de marzo de 2015

La parca

Se cae un avión y Arcadi hace una descripción inmejorable de cómo funciona el resorte del kilómetro sentimental. En mi caso el kilómetro es tan sentimental como geográfico, porque he sobrevolado decenas de veces los Alpes en los últimos años. Al principio pedía la ventanilla en el lado que me permitía verlos, imponentes, a la derecha o a la izquierda dependiendo de si voy o vengo. Pero, como dije, no hay prodigio que no pierda capacidad de asombro al volverse rutinario, y últimamente sólo les lanzo una mirada distraída de vez en cuando. Lo que sí podría jurar ahora (trampas de la memoria) es que el imponente macizo encrespado siempre me provoca un pequeño estremecimiento. La próxima vez el estremecimiento será mayor. También sé que éste se irá diluyendo.

Curiosamente hace horas leía a Jesús Mosterín hablando de la Parca. Después supe que no tenía nada que ver, pero en mi ignorancia ("ho seguito una via serpeggiante, annusando qua e là, e costruendomi una cultura disordinata, lacunosa e saputella") leí el artículo y me pareció acertado describir a la huesuda como parca ... en palabras. Silenciosa, como lo es en sus representaciones cinematográficas. Llegando sigilosamente. O mejor, sin avisar, y entonces ya es tarde: basta un estruendo en clase turista, o unas células zombies que no se enteraron de que no fumabas. Después, la nada.

He escrito demasiado cuando probablemente hoy tocaba ser parco en palabras. Quizás sólo queda desearnos a todos la entereza (racional) con la que Mosterín (o Sachs) afrontará a la Parca.

domingo, 4 de enero de 2015

Empieza el año dando la razón a la persona que más quieres


Leía estos días este artículo de Politikon, cuyo éxito en 2014 quizás sea la mejor noticia política de los últimos tiempos, y me encontré con este fantástico gráfico, que produjo en mí un efecto inesperado:








Las leyendas son bastante explicativas, pero merece la pena explicarlo un poco: esencialmente este gráfico nos dice cómo los partidos políticos mostrados se reparten el electorado dependiendo de su ubicación en el "eje ideológico" izquierda (1) -derecha (10). En concreto, el gráfico es el resultado de apilar las distribuciones que nos dicen qué porcentaje de votos obtiene cada partido en cada punto de ese eje. Así, las distribuciones se superponen partiendo de la distribución violeta de Podemos, que como vemos tiene un notable pico en el 3, y acabando con la distribución de los que no simpatizan con ningún partido, en gris.

El gráfico resultante es una especie de montaña gris en cuyo interior casi es posible ver grutas, lagos internos, vetas de raros minerales y donde incluso habrá quien vea monstruos durmientes. Pero también es posible apreciar que la montaña tiene una corteza más gruesa en algunas zonas. En concreto, entre el 4 y el 5 vemos un grueso estrato de color gris. Eso quiere decir que una gran parte de los electores que no sienten simpatía por ninguno de esos partidos (ni por ningún otro), nada menos que un 22% de potenciales electores, se sienten mayoritariamente próximos a posiciones de centro-izquierda (porque el centro, en esta escala, está entre el 5 y el 6).

Y me dio por pensar qué perfil podrían tener esos electores. Quizás sean electores que creen que España es un país con un balance de virtudes y defectos bastante similar al de cualquier otro país avanzado, algo que nos ha permitido alcanzar niveles de vida y libertades políticas sin precedentes, y para los que las llamadas a “romper la baraja” de Podemos suenan insensatas. Personas que creen que nuestro modelo territorial puede ser reformado para ser más eficaz, transparente y solidario, pero que difícilmente lo será si la reforma sigue el camino que marcan los nacionalistas. Personas que son conscientes de que el mantenimento del estado del bienestar empieza por no gastar más de lo que se ingresa, pero que seguramente consideran que hay modos más eficaces y justos de cuadrar las cuentas que los que ha puesto en práctica este Gobierno. Personas que consideran que, con todos sus defectos (de los que todos somos responsables, que para eso llevamos trabajando en ello décadas), el proyecto de una verdadera Unión Europea es irrenunciable. Personas que no creen que sea posible la equidistancia entre deudores y acreedores, no desde un punto de vista moral (terreno pantanoso), sino meramente práctico: el juego que sustenta el sistema difícilmente funcionaría si los que prestan dinero no pudieran contar con que les será devuelto. Personas que aún así saben que este juego puede ser diabólicamente complejo e impredecible, que sus reglas están condenadas a ser siempre mejoradas y mejorables, y que por eso es justo crear una red de seguridad resistente para los perdedores.

En definitiva, pensé que quizás esos potenciales electores compartan algunas de las ideas con las que he dado la matraca por twitter de modo constante durante bastante tiempo, y algo más ocasionalmente en el blog (también lo hago en privado, con una cerveza por delante, cuando me dejan). Ideas en las que también insisten otros muchos afortunadamente con más eco que yo (algunos de ellos amigos - véase a quién sigue el tal @samuel_MI), pero que jamás sospeché que pudieran tener alguna utilidad desde un punto de vista electoral. Ese gráfico, amigos (voz temblorosa), nos está dando la razón.

Así, un buen deseo para este 2015 sería que los partidos entendieran la oportunidad que ofrece ese espacio político. Una unión de UPD y Ciudadanos quizás podría aprovecharla, porque está claro que los magenta por sí solos han sido incapaces de hacerlo. Otro candidato a ocupar ese espacio sería el PSOE, pero el mensaje que se destila de la polifonía inconsistente que producen sus líderes últimamente parece más interesado en disputar el terreno a Podemos. Es posible que como estrategia tenga sentido, pero opino que es un terreno en el que lo tienen difícil contra Pablo Iglesias y los suyos. Y además no hay que perder de vista una verdad fundamental, ilustrada por la foto de abajo (sacada hace poco en Lavapiés): nada de lo que hagan servirá para convencer a los elegidos de la Verdadera Izquierda.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Notas previas al 9N

Tras largos meses de preparativos, mañana llega por fin el dichoso día (en los dos sentidos, según a quién se pregunte). Es difícil prever cómo acabará la fiesta: mi previsión es que no será una jornada muy diferente de las últimas Diadas y que, una vez desahogados y votados todos (incluidos Spiderman y el Pato Donald), el lunes Cataluña seguirá siendo un trozo de España.

Escribo el párrafo anterior mirando de reojo la frase de Orwell que encabeza mi blog porque, en fin, la realidad tiene a veces la fea costumbre de ser impredecible. Por eso quizás sea mejor fijarse en otras cuestiones, por ejemplo en cómo algunos de nuestros colectivos preferidos encaran esta recta final antes del 9N tras todos esos debates que tanto nos han ayudado a crecer como personas (porque para crecer como plantas tendrían que regarnos). 

Comencemos por los independentistas, y para hacerlo nada mejor que este documento:



Dicho de otro modo: si la cosa va bien para los independentistas, la secuela de La vida de los otros la rodarán en BCN. Y si va mal, siempre podrán rodar un simpático Goodbye Mas donde hay que ocultarle a alguien que durante el coma no se llegó al estat propi.

También habrá que decir algo sobre los de Podemos, aunque sea para ganarnos unos clicks y contribuir a la ola. Ayer mismo leía lo que tenían que decir del 9N  dos de sus líderes:  si leen cuidadosamente la engolada pieza autopromocional verán que estos paladines de la igualdad se olvidan de invocar el concepto de solidaridad, un olvido similar (¡ay!) al de nuestra más tradicional e institucional izquierda. Pero qué podemos decir de quien en el mismo párrafo se posiciona a favor del derecho a decidir y muestra su preocupación por "la minoría privilegiada que se ha situado por encima del Estado de derecho"...bueno, algo podemos decir: que ahora sabemos mejor qué entienden ellos por Estado de derecho.

Pero dejemos a los de Podemos para otro momento y centrémonos en uno de nuestros colectivos preferidos. Si uno calcula el lugar geométrico cuyos puntos están a la misma distancia de tirios y troyanos (¡oh!) es muy posible que encuentre al señor Brachandell, notable exponente de los equilibristas equidistantes, que llegan a esta recta final frescos como una lechuga y dispuestos a hacerse la foto finish meneando la cabeza con su habitual gesto de resignación filosófica. Este equilibrista, en particular, afea a los contrarios a la consulta que consideren a los soberanistas "tontos irracionales" por señalar los costes que tendría la secesión.  Al parecer para el señor Brachandell el debate político no se debe basar en estas incómodas cuestiones materiales sino en quién combina mejor los colores. Y por supuesto no habla de principios: como si en este debate los principios de unos y otros tuvieran el mismo peso.

Y en esto tiene algo de razón el señor Brachandell, porque, como llevamos diciendo aquí desde hace tiempo, el problema es que frente al nacionalismo catalán ha faltado un debate de principios, sobre todo desde la izquierda. Es ése uno de los méritos de Libres e Iguales: posicionarse frente al nacionalismo blandiendo principios como el de ciudadanía, diversidad y solidaridad. Así lo hacen en el artículo que sus promotores publicaban ayer en el New York Times. Por ese motivo yo también firmé el manifiesto, aunque no me acabara de convencer eso de que "proliferan maniobras opacas para ofrecer nuevos privilegios al nacionalismo a costa de la soberanía de los españoles" (¿qué maniobras son esas?). Pero no podía evitar estar de acuerdo con quien pide que se trabaje "por la deslegitimación intelectual y política del nacionalismo".

Esta es más o menos la situación a pocas horas del gran día. Dicho todo esto y, a la espera de acontecimientos, les dejo con sus ocupaciones.  Y a todos esos fans que me leen y no me conocen (calculo que son dos o tres) les dejo buscándome entre los firmantes: si me encuentra, imaginen  que desde esa lista les mando un cordial saludo.

martes, 4 de noviembre de 2014

domingo, 26 de octubre de 2014

miércoles, 15 de octubre de 2014

Una ventana de Edimburgo

Después de pulsar la situación catalana en los balcones de Barcelona, las circunstancias de esta vida loca que llevo me llevan a Edimburgo, donde me espera N. Por entonces aún no sabíamos si lo de Artur Mas el 9N iba a ser una cacicada o si simplemente sería una pantomima e intercambiamos impresiones sobre el asunto, impresiones tan variables como la sucesión de (¡chiquitodelacalzadescos!) pasitos para adelante y para atrás del President, que algún día algún investigador ocioso modelizará como un movimiento browniano. La discusión, como siempre, no lleva a ninguna parte, y no acertamos a predecir dónde nos llevará la errática danza de Mas. Pero mi paseo por Edimburo me hace pensar que, en el fondo, ni falta que hace saberlo. Porque alzando la vista por sus calles, como en Barcelona, me encuentro  con un anticipo del panorama que nos encontraremos cuando el President de turno culmine con éxito su secular murga y logre por fin que el Pueblo elija su propia aventura.



domingo, 28 de septiembre de 2014

Brutalidad intelectual

Pasaba el domingo y leía distraídamente el periódico, predecible y anodino.

Hasta que apareció Orwell con su fusil, explicando al poeta comunista Spender que...
...quise utilizarle como símbolo del bolchevique de salón porque a) los versos suyos que había leído no me habían parecido gran cosa, b) me parecía usted una especie de persona elegante y de éxito, amén de comunista o simpatizante comunista, y como no nos conocíamos podía considerarlo un tipo y hasta una abstracción. Incluso si me hubiese desagradado usted, después de conocerle, tendría que haber cambiado mi actitud, porque al conocer a alguien uno repara enseguida en que se trata de una persona y no una especie de caricatura que personifica determinadas ideas. En parte por esa razón no frecuento mucho los círculos literarios, porque sé por experiencia que después de hablar con alguien ya no podré demostrar ninguna brutalidad intelectual, incluso aunque lo considere mi obligación, igual que esos parlamentarios laboristas que se pierden sin remedio cuando los duques les dan palmaditas.
Hay que hacerse con ese libro de inmediato. 

Y hay que intentar ser más brutales intelectualmente. Es nuestra obligación.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

La socióloga, la niña y el google

Después de una entrada tan sesuda como la última saben que por lo general suelo tomarme un par de meses de descanso. Pero hoy he leído algo que me apetece comentar: la entrevista que hace Ramón Lobo (un periodista a quien le gusta empezar sus preguntas con un "como me comentó una vez el líder de la contrainsurgencia peshmerga", o algo similar) a Belén Barreiro, una socióloga top, que diría Cristiano Ronaldo, de las cien mujeres más influyentes de España y ex-asesora de Zapatero; una mujer, en definitiva,  que se ha movido con gran soltura por las cumbres socialdemócratas, cosa que en el fondo nos da un poco de envidia.

Habría mucho que decir sobre la entrevista. Podríamos comentar la mal disimulada felicidad de entrevistada y entrevistador por el ascenso de Podemos ("jajaja - jijiji"), un fenómeno que para la socióloga (en su momento de mayor lucidez) encierra cierto paralelismo con el ascenso del Frente Nacional. También podríamos rebatir su insistencia (la de la entrevistada, pero también la del entrevistador) en la idea de que vivimos en una "democracia secuestrada", pero no haríamos sino repetir de mala manera los argumentos de este imprescindible artículo de Jorge Galindo.

Pero hay un par de cosas que no podemos dejar pasar. La primera es esta respuesta, que sería para el mármol pero que voy a ir dejando plasmada en este humilde cuaderno hasta que llegue el pedido que he hecho a Carrara:

Mi hija, que tiene trece años recién cumplidos, estaba empeñada en comprarse una pulserita con la bandera española. Entré en estado de shock. Me dijo: «¿Mamá, no eras tan liberal? ¿Por qué no me puedo poner la bandera?». Le conté qué significaba, Cataluña, el problema de España, la derecha… Cuando acabé me dijo que de momento no se la iba a poner, pero que no acababa de entender por qué no se puede ser de izquierdas y llevar la bandera española. Y tiene toda la razón. A ver si empieza a ser la primera generación reconciliada.

Y es que tenemos tanto que aprender de los niños, que diría Pedro Ruiz.

Pero aún hay más. La entrevista prosigue con un repaso a la actualidad en el que no falta ni un tópico, y llegamos a uno de los preferidos para la verdadera izquierda, que aquí no podría faltar, y que quizás es definitorio de la relación con la realidad de la entrevistada y del entrevistador (quien, por si no lo saben, o si no lo han notado, o en el improbable caso de que no se lo haya recordado ya él mismo,  es ex-corresponsal de guerra, como Pérez-Reverte - nos ahorramos nuestro diagnóstico sobre la correlación entre visitar escenarios bélicos y las tendencias campanudas). Dice, digo, la socióloga (y asiente el entrevistador) que:

Somos de las pocas democracias con una pasado dictatorial cuyo Parlamento no ha condenado de forma explícita el franquismo. Y eso es gravísimo.

Algo que además de gravísimo es simplemente falso; quizás la socióloga también tenga que aprender de los niños cómo usar google.

En fin, que menos mal que en estos casos siempre siempre hay un pesado que se encarga de recordar estas cosas.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Balcones de Barcelona

Barcelona, a pocos días del 11/9/1714+300















En los balcones parece que gana el No Sabe / No Contesta. O no. Quizás mejor no desear que se pongan a votar con los balcones. 


Luego nos enteramos por la prensa de que se está imponiendo el seny:


  
No olvidemos que últimamente no nos creemos del todo lo que publican los periódicos.

 
Seguiremos atentos los acontecimientos:












martes, 11 de marzo de 2014

El cuaderno en las cintas de Albert

El amigo Albert me pasó hace unas semanas un cuestionario dificilísimo que, tras largas jornadas de insomnio, ayuno y un par de retiros espirituales, logré responder. Hoy ha decidido colgar mis respuestas en su estupendo blog junto con una semblanza increíblemente elogiosa (y por ello algo injusta), cosa que íntimamente le agradecemos. Por si esto no fuera suficiente para estar satisfecho, no puedo evitar estar orgulloso de compartir cuestionario y espacio con gente querida y admirada en este blog como Josepepe, Tsevan Rabtan o Perroantonio, y de haber resistido a la tentación de leer sus respuestas y copiarlas sin disimulo. No se pierdan el blog ni esta serie, que esperamos que culmine con Albert respondiendo a sus propias preguntas con la naturalidad y la elegancia con las que transcribe sus cintas.

Todo esto puede servirles para distraerse un poco en esta triste efeméride. De hecho pensaba escribir algo para hoy sobre cómo viví esos días pero, bien pensado, tiene sentido que lo haga a destiempo. En unos días les explicaré por qué.

Hasta entonces les dejo con Albert, sus preguntas y mis respuestas. Y con mi agradecimiento: Gracias, Albert.


viernes, 28 de febrero de 2014

Saber y no saber del "Belvedere"


Qué ganas las mías (qué ganas las nuestras) de saber, de saberlo todo, cuando tan indispensable para el placer de saber, para obtener la satisfacción de saber, es no saber previamente; y cuando sólo no sabiendo (cuando no sabemos) podemos experimentar sensaciones que difícilmente podríamos experimentar sabiendo. Sé que la frase trae ecos de Marías: quizás porque estoy aún bajo los efectos de “Mañana en la batalla...”, o quizás porque me acuerdo (y me compadezco) de su inseparable Pérez – Reverte quien, inmortalizado por Muchachada Nui, decía aquello de “yo lo sé todo... hasta lo nuevo lo sé”. 





Pues bien, yo no sabía nada del torso del Belvedere cuando me lo encontré en el centro de una de las salas del Museo del Vaticano. Por eso, al verlo sentí una de esas punzadas que uno siente sólo ante un descubrimiento; una punzada casi de intimidación ante la imponente figura mutilada, que parece dispuesta a ponerse en marcha. Inmediatamente surge la duda de si no será la combinación de lo que vemos y de lo que le falta al coloso (de lo que sabemos y de lo que no sabemos de él) lo que le da esa potencia. Pienso entonces de nuevo en su nombre – el torso del Belvedere, de la bella vista (no sabía entonces a qué se debe ese nombre, sigo sin saberlo) - y entre los múltiples colosos sugeridos puedo imaginarme a un coloso jovial, encaramado en una tapia desde la que se divisan los tejados de Roma, dando patadas al aire como un niño. “El rotundo torso fue una fuente de inspiración para Miguel Ángel”, me informa asépticamente la voz de la audioguía. “Se estudia en todas las escuelas de arte”, me dice mi sabia acompañante.





Seguí recorriendo el museo experimentando asombros de otra índole, como en las estancias de Rafael (de las que ya sabía) llegando así a la Capilla Sistina. Y allí pienso que Miguel Ángel quizás sintio una punzada similar a la que sentí yo ante el torso del Belvedere y vio, entre los múltiples colosos sugeridos por el coloso, a uno implacable, capaz de impartir justicia el fin de los días. 



lunes, 6 de enero de 2014

Más comentarios arcadianos

Publicaba anteayer Arcadi Espada su habitual carta de los sábados y los arcadianos no tardamos en ponernos a comentarla de nuevo en Twitter (sin ponernos de acuerdo, naturalmente). Antes de seguir, procede aclarar lo de arcadianos, y lo de de nuevo. Por arcadianos entiendo a los que coincidimos en los comentarios del primer blog de Arcadi Espada, los famosos Diarios, de cuyo inicio hace ahora diez años (aunque yo tardé un tiempo en hacerme asiduo). Y lo de de nuevo se debe a que en estos diez años esos arcadianos no hemos dejado de discutir en torno a los temas que va proponiendo Espada: primero en los Diarios, después en otros blogs, ahora en Twitter. Como hicimos anteayer.

Y con esto vuelvo a la carta que mencionaba al principio. Trataba, como es habitual, del nacionalismo catalán, y en particular sobre las reacciones que ha suscitado otra carta, la de Mas: esa con la que el President intentaba explicar sus fabulosos planes a distintos líderes europeos. Espada parecía descontento con el tono general de las reacciones, en particular, se lamentaba de que ...

"..(l)a schulzeuropa quiere evitar el debate político y la injerencia. Es llamativa su tibieza moral y política ante el secesionismo de Mas..."

Algunos arcadianos discrepaban de Espada (ser arcadiano - aclaramos- no imposibilita la discrepancia, sino que casi la garantiza) y sostenían que la actitud europea es un sabio modo de evitar publicidad gratuita a la causa nacionalista. Otros, que esas reacciones casi burocráticas llegadas de Europa son las únicas procedentes ante los delirios de Mas. Alguno más sostenía que los líderes europeos deberían haber sido más explícitos sobre las perniciosas consecuencias que tendría para Cataluña constituirse como estado independiente...

Pero yo creo que el lamento de Espada no iba por ahí, sino que conecta con una de sus ideas clave, una de esas dos o tres ideas de las que ha logrado convencerme: la necesidad de establecer un debate de principios con el nacionalismo, sin complejos. Porque ese debate quizás habría frenado el ascenso de los nacionalismos, y cuanto más los retrasemos más difícil será deternerlo. Que Espada opina que esta es una tarea fundamental es algo que está implícito en su denuncia constante de la estupidez nacionalista (que bien puede entenderse como el intento de llenar un vacío) pero también está explícito en sus textos, como en esta frase que subrayaba el otro día el arcadiano Melò:

"Yo creo que al nacionalismo se le ha de dar lo que pide, que es su ridiculización incesante: buena parte de su éxito local se debe a que su carácter no ha sido sometido a una risa batiente, generalizada y demoledora."

En el campo progresista esto es evidente: salvo versos sueltos como Savater, Félix Ovejero y algún que otro bloguero friqui, pocos han dedicado líneas a explicar  que es contradictorio tenerse por progresista y ser nacionalista (o soberanista, o lo que sea): fue quizás por eso por lo que yo me interesé por Espada cuando escribía en El País. Del mismo modo, apuesto a que tampoco se han dedicado demasiados esfuerzos para mostrar la incompatibilidad del nacionalismo con los principios liberales e ilustrados. Para ello no sólo hay que estar libre de complejos cuyo origen ha sido ampliamente discutido, sino que es necesario creer que en el debate político, partiendo de unos principios y usando la lógica se puede mostrar (¡e incluso demostrar!) que determinadas ideas son contradictorias: reconozco que ahí late la creencia en que existe la verdad, sin duda atribuible también en parte a la perniciosa influencia de Espada.

Por eso, seguramente Arcadi Espada desearía que desde Europa se dijera sin rodeos que el nacionalismo es incompatible con el europeísmo, que en un momento en el que estamos intentando construir un espacio donde convivan varias identidades (o donde uno pueda librarse de la insufrible gimnasia identitaria) no tienen cabida nuevas fronteras,  o que ahora que se está intentando ampliar el alcance de la solidaridad en Europa no tiene sentido mutilar los espacios de solidaridad existentes. La reacción de Europa, sin embargo, ha sido la que ha sido. Conociendo a Espada, esto no le desanimirá y seguirá insistiendo cuanto sea preciso en su blog, en sus columnas y en sus cartas de los sábados. Y hace bien, porque puede acabar resultando convincente. Se lo garantizo.

domingo, 15 de diciembre de 2013

La mafia mata sólo en verano

Se escapaba 2013 y yo estaba perdiendo la fe en el cine. Quizás les parecerá un modo un tanto efectista de empezar una entrada, pero verán que no lo es tanto. Repasemos los últimos acontecimientos:

Hace unas semanas fui a ver la aclamada Gravity y qué quieren que les diga: no sé si sería por el doblaje (algún día hablaremos de las veces que he tenido que aguantar la murga de "pero si la escuela de dobladores italianos es famosa en el mundo entero") pero fui incapaz de creerme a la protagonista, Sandra Bullock, y por extensión de atisbar las profundas corrientes sentimentales que al parecer recorren la película. A lo más que llegué fue a apreciar algunos aspectos superficiales, como su espectacular inicio y lo bien que le sientan la ingravidez y los shorts a la Bullock. Esto habría podido ser suficiente en una temporada en la que la cosecha cinematográfica estaba siendo endeble, pero tratándose del fenómeno cinematográfico del año no pude evitar sentirme decepcionado. Pero el hecho que casi dio la puntilla a mi tambaleante fe en el séptimo arte fue saber que "La Grande Bellezza" había ganado el premio a la mejor película en los recientes premios del cine europeo. "La Grande Bellezza", hay que decirlo, es como "La Dolce Vita" si multiplicamos por diez sus (ya nada desdeñables) pretensiones intelectuales mientras la despojamos de todo su encanto, algo que casi se logra sustituyendo al insuperable Mastroianni por el insoportablemente virtuoso Tony Servillo, que no puede estar más pieno di se durante todo el metraje. El resultado es un mejunje francamente infumable, y la noticia me hizo temer seriamente por la salud del cine europeo en su conjunto.

En fin, que poco menos que estaba decretando solemnemente la muerte del noble arte de Kubrick en 2013 cuando ayer F. (¡a la que no elogiamos lo suficiente en este blog!) me sugirió que fuéramos a ver "La mafia uccide solo d'estate", de la que había leído buenas críticas, incluida una de Saviano. Y, amigos, saltó la liebre. Dirigida por Pierfrancesco Diliberto (que por motivos que escapan nuestra comprensión se hace llamar "Pif") nos cuenta la historia de amor entre dos jóvenes en Palermo a lo largo de los años 70-80 con un gran sentido del humor, algo que tiene un mérito indudable porque es una historia marcada (como la vida de tantos palermitanos) por el sangriento Totò Riina.

Viendo la película se operó además un curioso efecto. Últimamente estaba abrigando la sospecha de que una obra de ficción sólo podía atraparme si el autor había planificado todo con la minuciosidad suficiente como para que no sean visibles las costuras (pienso en "Amour" de Haneke; pienso en el epílogo de "Il Nome della Rosa", donde Eco explica la preparación de su estupenda novela). Sin embargo en esta película no sólo se ven las costuras, sino auténticos costurones (por ejemplo, el niño -¡cuidado con ellos, que diría Hitchcock!- protagonista no imita a Andreotti, sino a Toni Servillo interpretando a Andreotti). Y sin embargo, logró conmoverme, quizás por la simpatía de los actores, o por el encantador acento siciliano (¡el que le puso el doblador italiano a Lancaster en "Il Gattopardo"!), o por el fresco e ingenuo sentido del humor... o porque esta película, pese a su ligereza, supone un emocionado recuerdo de muchos de los que dieron su vida en Palermo defendiendo la Ley, esa imperfecta red invisible que nos protege de bárbaros como Riina (lo que a su vez me hizo pensar en lo que ha ocurrido y ocurre en España...). Pero bueno, mejor dejarlo aquí, que un blog como éste debería tener un entrada ligera de vez en cuando. Vayan a ver "La mafia uccide solo d'estate" cuando la pasen por sus pantallas, no se arrepentirán.



sábado, 23 de noviembre de 2013

Dallas, JFK y el Museo de la Sexta Planta (notas de un cuaderno azul)

Antes de hacerme mundialmente famoso con este cuaderno, tuve unos cuantos cuadernos azules en los que descargaba mis impulsos escritores  (por entonces no conocía alivios tan fáciles como tuíster). El caso es que recuerdo que un cuaderno azul me acompañó en un viaje que hice a Dallas allá por 2008 y, aprovechando la efeméride de estos días, he decidido volver a abrirlo para ver qué me contaba por entonces. Aquí va, sin estilizar apenas (el cierre cursi no deja lugar a dudas):

Dallas tiene un downtown bastante deprimente. Es sin embargo magnífico el Sixth Floor Museum, instalado en el edificio desde donde le volaron la cabeza al presidente. Todo bien explicado, desde los inicios del presidente hasta su muerte, controversias y conspiranoia incluida. Transparencia, tolerancia, apertura a la discusión: lo mejor de EEUU.
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Es imposible no sentir un escalofrío al asomarse a la ventana que da a Elm Street, desde donde disparó Oswald.
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Será el ambiente de las primarias, pero los paralelismos entre JFK y Obama son evidentes: jóvenes, guapos, brillantes y con handicap, al menos en teoría (católico el primero, negro el segundo). Y ambos con un mensaje de esperanza y renovación.
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Cena en un restaurante típico con una banda tocando country de fondo. Ambiente entrañable. La gente tararea distraídamente las canciones, una pareja de ancianos negros baila armoniosamente, niños con calcetines blancos corretean entre las mesas, hay abrazos intensos aquí y allá, celebrando un cumpleaños o qué sé yo. Son hermosos.

(Joder, qué majete era). 

domingo, 20 de octubre de 2013

Propósito y ejecución de mis diez líneas salvajes

Tengo una memoria pésima para mis lecturas. Por ejemplo, hace poco mi hermano me dijo que andaba leyendo "El amor en los tiempos del cólera" y yo sólo acerté a decir que recordaba dos cosas: que logró conmoverme, y que en ella aparece un loro. Menudo balance.

Mi desmemoria lectora es tal que he tenido que inventarme elaboradas excusas que darme para esos momentos de desánimo en los que pienso que en verdad leo sólo por vicio. Por ejemplo, me gusta pensar que quizás las lecturas nos moldean del mismo modo que el agua da forma al caudal de un río: quizás no deje rastros evidentes, pero sí abre nuevos espacios por los que nuestros pensamientos pueden discurrir. Así, aunque pasado el tiempo no recordemos cómo acababa la pareja protagonista de Suave es la noche o seamos incapaces de reconstruir el argumento del duendecillo malvado del Discurso del Método, quizás perdure en nosotros el efecto de esas lecturas y tengamos una pizca de la profundidad psicológica de Scott Fitzgerald o del ingenio de Descartes.

Pero estas excusas me satisfacen sólo parcialmente y tampoco sirven de gran cosa cuando alguien querido me pide mi opinión sobre un libro, así que hace ya bastante tiempo decidí que debía hacer algo para intentar retener algo más de mis lecturas. Como no conozco mejor modo de fijar una idea que hacer el esfuerzo de ponerla por escrito, desde hace más de diez años (!) intento escribir diez líneas, como máximo, sobre cada libro que leo. No parecerá gran cosa, pero visto el poso que me dejó el "El Amor..." (¡para la que no escribí esas diez líneas!) creo que puedo conformarme. Además el riguroso límite de las diez líneas es últil para alguien que encuentra mucho más difícil terminar un escrito que empezarlo, como es mi caso.

Y esto he venido haciendo hasta la última novela que ha pasado por mis manos, "Los Detectives Salvajes", de Bolaño. No sé si haber escrito las diez líneas de rigor habrá servido para algo, pero al menos en este caso puedo decir que me han dado una buena excusa para escribir una página más de este cuaderno y para dejar por escrito mi agradecimiento a Aviermen y a Josepepe, que me la recomendaron. Aquí van: 


… “LOS DETECTIVES SALVAJES” de Roberto Bolaño. Leído en Milán entre Septiembre y Octubre de 2013

Bolaño te habla en la primera página del grupo del “realismo visceral” y cuando te quieres dar cuenta estás devorando páginas y compartiendo vivencias con unos jóvenes que viven y veneran las letras con un fervor radical en Mexico DF. Se cierra la frenética primera parte y seguimos a través de varios testimonios la pista de los líderes del grupo, Lima y Belano, durante décadas: esta parte deja algo desorientado al lector, quizás porque ése es el signo de una edad adulta en la que ya no tenemos ni fervores que nos guíen, pero contra la que al menos nos queda la ironía, como muestra Bolaño. Concluye la novela en el Desierto de Sonora, con el episodio que marcó la transición entre juventud y madurez -entre el frenesí y el desorden- de los realistas viscerales, y se cierra con una ventana cuyo significado quizás no entendí, ni falta que hace: es una novela única.