miércoles, 16 de enero de 2013

Elecciones italianas (II): "Berlusconi show"



Se me van los días y no comento el momento preelectoral de la semana pasada, y es imperdonable porque bien podría ser El Momento Preelectoral. Vean las imágenes las veces que haga falta. El núcleo de lo que ocurre está en el momento en el que el ex-primer ministro Bersluconi limpia la silla en la que estaba sentado un periodista, Marco Travaglio. Creo que no ha habido líder en Occidente en las últimas décadas capaz de dar un espectáculo tan bochornoso: la anomalía berlusconiana está sintetizada en la sonrisa gamberra que esboza mientras hace uso del  fazzoletto

Pero merece la pena abrir el encuadre y fijarse en el resto de participantes de la bufonada. Berlusconi nos ofreció este impagable momento en el programa de Santoro, un periodista al que se dice que largaron de Rai 3 por ser demasiado crítico con Berlusconi (Italia tiene un curioso sistema para evitar la manipulación de las cadenas públicas de televisión, que es repartirlas entre los partidos: así cada canal tiene su sesgo y todos contentos). Tiempo después, Santoro  montó un programa online que bautizó con gran modestia Servizio Pubblico, uno de esos programas de género política-espectáculo que tanto abundan en Italia, donde retomó sus temas predilectos. De hecho, la participación de Berlusconi en esta edición se publicitó como una especie de duelo al sol y, quizás porque Santoro sabía que no le estaba yendo bien, el vídeo recoge cómo pierde los papeles en su interambio de reproches con Berlusconi, que se encarga de devolvérselos sin perder la sonrisa: pocas armas dialécticas hay más desquiciantes que esa. Sorpresas te da la vida: el hombre que montó Mediaset, el hombre al que debemos las mamachicho, supo desenvolverse en una contienda televisiva mejor que su anfitrión. La audiencia, por cierto, rozó máximos históricos.

Y luego está Marco Travaglio, el tercer participante en la bufonada, colaborador fijo de Servizio Pubblico y amigo de Santoro. Es un personaje paradójico. Siendo como es discípulo de Montanelli, uno se esperaría de él que fuera una rareza como su mentor, que al ser liberal y ateo en Italia parecía venido de Raticulín. Y raro es, pero de raro resulta incomprensible. Fundador de un periódico con pretensiones factuales, Travaglio lo mismo elogia a la Merkel que hace guiños a Beppe Grillo, un tipo que dice liderar un movimiento antipolítico cuyos principios valdrían tanto al 15M como a los jóvenes fachas que frecuentan la Casa Pound, pasando por el asombroso Partido X. Por eso no puedo evitar encontrar siempre un fondo frívolo e irresponsable en sus agudos monólogos contra el establishment político;  monólogos con los que, por cierto, Travaglio ha recorrido los teatros italianos: de nuevo, la política como espectáculo. Quizás ahí esté la diferencia esencial con su maestro.

Por lo demás, acaso por efecto del ruido que ha hecho la actuación de Berlusconi en Servizio Pubblico, se dice que Bersani y Monti están desaparecidos, demasiado silenciosos. A lo mejor sólo están intentando hacer algo inaudito en la Italia de los últimos años: no dar el espectáculo.

martes, 8 de enero de 2013

Elecciones italianas (I): incógnitas despejadas

 
Con el acuerdo entre el Popolo della Libertà de Berlusconi y la Lega Nord para presentar listas conjuntas en las próximas elecciones generales italianas, apenas quedan incógnitas serias por resolver. PdL y Lega son como esa pareja que anda juntándose y separándose periódicamente y que con la crisis ha decido que les conviene aguantarse mutuamente, aunque sea para compartir gastos. El problema, claro, es que por el camino todos hemos cambiado, y la Lega es ahora un partido liderado por un señor pulcro y educado, Maroni, cuyos sueños de una Padania libre y civilizada emocionarían hasta a Artur Mas, mientras que Berlusconi ha pasado demasiados meses living la vida loca como para seguir siendo ese yerno encantador que todas las suegras italianas querrían tener. Quedan aún flecos menores por resolver en esta alianza, como el reparto de puestos en las listas, pero a buen seguro va a deparar momentos interesantes.

Otro que despejó la incógnita sobre su futuro político hace no mucho fue Monti. Al final se decidió por apoyar una lista cívica y parece que la decisión ha sido acogida con cierta frialdad. La culpa no es tanto de  Monti; el problema es que un partido político no se monta de la noche a la mañana, por lo que il professore ha tenido que echar mano de los dos políticos profesionales que más se le parecían: Fini y Casini, dos tipos cuyos armarios más bien parecen osarios. Su alianza con estos dos clásicos de la política italiana ha dañado su imagen de figura por encima de las trifulcas políticas. Pero aún así el conjunto resultante es un partido de centro derecha de lo más aceptable, a una distancia sideral de lo que representan PdL y Lega.  Haciendo las sumas y restas, la decisión de Monti me parece una buena noticia y, aquí va mi primera apuesta: creo que tendrá un resultado electoral mucho mejor que Berlusconi y sus aliados.





En casa del Partito Democratico no ha habido grandes sobresaltos. Todos les dan como ganadores, es más: basta ver la sonrisa beatífica que luce Pierluigi Bersani en los carteles electorales para darse cuenta de que el primero en verse ganador es él mismo. La verdad es que las cosas le han salido a pedir de boca, desde que ganara las primarias a Renzi (quien, por cierto, se está comportando de un modo ejemplar), el único acontecimiento reciente que le ha pillado algo a contrapié ha sido la decisión de Monti. Pero yo creo que Bersani ha echado sus cuentas y sabe que en el fondo es un movimiento que le beneficia. Y aquí va mi segunda apuesta, que es fuerte y en dos tiempos: ganará las elecciones el PD y Bersani será primer ministro unos cuantos años. Y lo será incluso si su aliado, el díscolo Vendola, cumple con el ritual periódico de la izquierda italiana más izquierdosa y decide retirar su apoyo al futuro gobierno progresista porque no sabe a qué huelen las nubes. Si puedo, me explicaré en otra ocasión.

Y luego están los demás que, como es sabido, en Italia son muchos. Está Di Pietro, que se quedó colgado por no sé muy bien qué motivo y que muy mal debe ver la cosa cuando ha decidido unirse a una lista liderada por otro ex-magistrado para intentar entrar en el parlamento. Está Beppe Grillo, cuyo Movimento Cinque Stelle es un anticipo de lo que podría ser el 15-M en España si se organizase como partido político y se hiciera con un líder carismático (al que no tardarían en equiparar a Jesucristo). Y quedan algunos personajes por ahí sueltos, como La Russa, el mefistotélico ex-ministro ex-fascita. Sobre todos ellos, si puedo, intentaré escribir aquí estas semanas.

domingo, 30 de diciembre de 2012

Columnistas y peluqueros

Ha sido éste un año de cambios trascendentales. Por ejemplo, mi cambio de peluquero. El actual se llama Rocco, y me fío de su talento desde que vi con qué salero combinaba su zidanesca alopecia con unas greñitas y un cuidado ciuffo (léase chufo: flequillo-una de esas palabras de las que prefiero la versión italiana). No hablo de él sólo porque me apetecía dejar por escrito esta descripción, que también, sino porque ayer fui a verle y, entre unas cosas y otras, agotados ya los temas de conversación habituales (fútbol, mujeres, arsenales nucleares), acabamos hablando de política, y en ese contexto Rocco me expresó sus sinceros deseos de que este 2013 una plaga se lleve por delante a la clase política y, de paso, al actual gobierno, empezando por Monti. Bravuconadas como estas han sido siempre habituales, aunque me queda la duda de si últimamente lo son más: en cualquier caso la encajé como la encaja cualquier persona normal, consciente de que al peluquero uno va a que le recorten el ciuffo y no a intercambiar impresiones sobre cómo regenerar la democracia. Lo raro sería que un peluquero se expresara como un sesudo columnista, pero lo que empieza a ser menos raro es que los sesudos columnistas se expresen como un peluquero. Si la crisis está siendo dura con varios colectivos, con los columnistas está siendo sencillamente devastadora. Así, ha sido una experiencia habitual este 2012 encontrarse con columnistas que uno tenía por finos e inteligentes descolgarse con textos faltos de la más elemental ponderación, que en el mejor de los casos denotan simplismo, y en el peor una alarmante deshonestidad intelectual. Habrá que ser indulgentes: estar obligado a opinar de todo y regularmente, especialmente en la desconcertante coyuntura actual, debe ser difícil. Pero mucho me temo que, de seguir así, acabaremos prestando menos atención a nuestros columnistas que a nuestros peluqueros. Si es que no lo hacemos ya.

sábado, 15 de diciembre de 2012

Joder con la naturaleza humana

La lectura del año ha sido The Blank Slate, de Steven Pinker. Tan bueno es, que debería empezar este texto imitando lo que decía Cercas a propósito de Bolaño y, si no lo han leído, decirles que dejen inmediatamente de leerme y salgan corriendo hasta la librería más cercana y que se hagan con dos ejemplares ahora mismo (uno para su inmediata lectura y uno de reserva, por si las moscas). El libro de Pinker esencialmente cuenta cómo la ciencia está cambiando nuestra visión de la naturaleza humana y el mensaje fundamental es el siguiente: no somos una tabula rasa, sino una mezcla de nature (genes, o, actualizándolo a 2012, genes y DNA no codificante) y nurture (nuestro entorno, la educación). El resultado es que nuestra naturaleza es tozudamente imperfecta, y la consecuencia política es clara: en muchas ocasiones no tendremos más remedio que encontrar compromisos entre valores, por ejemplo entre libertad e igualdad, porque nunca podremos ser como el Hombre Nuevo que anhelan los totalitarios. Y es en ese terreno donde debería situarse el debate político racional, en la búsqueda del compromiso más razonable. Pinker sostiene además que el éxito del capitalismo o de nuestros Estados de Derecho se debe a que son sistemas que tienen en cuenta nuestras imperfecciones, como nuestros impulsos egoístas o vengativos, y por eso logran compromisos mejorables, pero razonables, que los han hecho exitosos. Hasta que se nos ocurra algo mejor, o hasta que logremos entender en toda su profundidad las soluciones mágicas que nos proponen insistentemente los gurús pero que de momento - ay- nos parecen intolerablemente romas, no tenemos nada mejor para ir tirando.

Pensaba ayer en Pinker (como creo que me ocurrirá muchas veces en el futuro) mientras volvía a casa leyendo El Sueño de Celta, en concreto la parte donde se describen las atrocidades cometidas a inicios del siglo XX en la amazonia del Perú por la industria cauchera. Episodios todos ellos espeluznantes, quizás más por la credibilidad que le doy a Vargas Llosa (¿quién más creíble que un férreo defensor del libre comercio para explicarnos sus abusos?). Los relatos del terrible sufrimiento infligido a los indígenas son ejemplos de cómo se puede desenvolver el animal humano allá donde no llega la ley, o mejor, allá donde no hay contrapesos que puedan frenar nuestros peores impulsos... pues bien, en esto pensaba yo hasta que llegué a casa y abrí con indolencia de viernes la web del periódico y me encontré con que un tipo de Connecticut había matado a veinte niños, uno detrás de otro. Siete adultos, sí, pero también veinte niños. Uno detrás de otro. Ante noticias así, pensé, da igual lo aprendido leyendo a un agudo profesor de Harvard, o haber sabido gracias a un hábil novelista de las atrocidades cometidas contra los indígenas del Putumayo. Yo, al menos, no doy más que para una reflexión: Joder con la naturaleza humana.

sábado, 8 de diciembre de 2012

La página de El País siempre abierta

Concluida la reunión salimos a tomar el fresco A. y yo con N., un viejo amigo mío al que hemos ido a visitar a Lausanne. Hablamos entre otras cosas del impresionante edificio Rolex,  que según N. es una gigantesca broma de los arquitectos japoneses que decidieron darle forma de loncha de queso Emmental. Y le pregunto cómo es su vida a caballo (o más bien, en ferry) entre dos países, porque N. vive en Francia, al otro lado del lago. Me dice que en verdad está más informado de lo que pasa en España que de lo que ocurre en sus países de acogida, y le contesto que a mí me pasa exactamente lo mismo. "Como Sámuel, siempre con la página de El País abierta", interviene A., y hago notar jocosamente a N. que ha dicho El País y no El Mundo, acaso en contra de lo que pudiera pensar un silencioso lector de este blog como él (aprovecho para mandar un saludo a esa - apabullante, lo sé- mayoría silenciosa). 

Porque sigo leyendo El País, claro. Por ejemplo para cabrearme con Millás, que sigue escribiendo esas columnas campanudas suyas en las que equipara al Estado con las mafias y que está pidiendo a gritos que le organicen un encuentro con Saviano para que le explique la diferencia. O para cabrearme con un Editorial que invierte un párrafo entero en criticar el mejorable intento de Wert de corregir el absurdo lingüístico en los colegios catalanes,  olvidándose de la intolerable actitud de los partidos nacionalistas que están dispuestos a saltarse la ley con tal de mantener en pie ese absurdo (como llevan haciendo años con las sentencias del Supremo).  Pero no todo son cabreos, gracias en parte a sospechosos habituales como Savater quien, con esa combinación insuperable de ironía y ligereza suya, nos advirtió hace poco del imparable ascenso de los mentecatistas (buen nombre para una secta). O gracias a Félix Ovejero, probablemente la voz más atendible de la izquierda española (y que en Cataluña, naturalmente, apoya a Ciutadans), que hace poco recordaba razonadamente cuál es el sentido de una huelga general. En definitiva, merece la pena tener la página de El País siempre abierta, aunque sea para poder aprovechar la ocasión de comentar lo leído con N. tomando un vin chaud.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Bersani - Renzi a vuelapluma

Ayer vi el Bersani-Renzi. Difícil decidirse aunque para qué, si yo no voto (de momento). Ganará Bersani porque es el hombre del partido y tiene virtudes importantes, como su amplia gestión, su indudable temple y su sentido de la responsabilidad, del que ha dado prueba apoyando a Napolitano y a Monti. Lo que menos me gustó fue su insistencia en la necesidad de abrirse a la izquierda (Vendola) y al centro católico (con el veleta Cassini), los dos flancos por los que fueron derribados los dos últimos gobiernos de Prodi.

De Renzi me gusta su rotundidad y su claridad, cualidad que suele ir de la mano (ay) con que las almas blancas te consideren de derechas. Pero detecto en él una tendencia al eslogan que me rechina. De nuevo usó la palabra startup y hubo un momento impagable en que sacó una portada del Economist de 2005 en la que se decía que Italia ya era entonces un problema (para argumentar, como él suele hacer, que en Italia las cosas se han hecho mal los últimos años y el centro-izquierda tiene algo que ver). Pero vamos, será primer ministro de Italia en el futuro, una vez que pase la década de líderes de perfil bajo que necesita este país para curarse del berlusconismo (como poco). 

Los dos hablaron de unos futuros "Estados Unidos de Europa". Ninguno habló de los derechos de las parejas homosexuales.

Actualización: Argh, esto me pasa por escribir a vuelapluma: Me comenta un colega (al que el tema le afecta directamente) que los candidatos dedicaron al tema gay los últimos instantes: Bersani, a favor de una ley a la alemana; Renzi, más derechos sí, pero de la palabra matrimonio o de adopción ni hablamos. El joven renovador en el fondo todavía es un scout: la maldición de Italia.

martes, 27 de noviembre de 2012

Un domingo, dos elecciones.

Este blog va al ritmo que va por varios motivos, pero por uno principal: para escribir una entrada generalmente no necesito un tema, sino dos (por lo menos), y lo que escribo básicamente plasma mi "proceso-de-dejarme-los-cuernos" para intentar hilvanar una conexión decente. Últimamente me han pasado por delante de las narices temas razonablemente hilvanables, pero lo que me ha faltado es tiempo para ponerme con ello. Sin embargo,  anteayer leí a Juan Goytisolo en El País y me dije: ¿por qué no emularle y escribir una entrada picoteando varios temas? Las ventajas son múltiples: puedes dar rienda suelta a la ironía e incluso ponerte metafórico, el género te evita tener que entrar en engorrosas profundidades  y, aprovechando la confusión, puedes dejar caer de rondón alguna pequeña miseria como que no te cae del todo mal el tirano El Asad, ese dique antioccidental, y seguramente nadie te lo reprochará.  Todo son ventajas. Pero quizás sea mejor dejar estos batiburrillos a especialistas como el propio Goytisolo o Manuel Rivas y hacer lo de siempre. Hablemos, pues, de las dos elecciones de ayer, intentando hilvanar el asunto un poco.

De las elecciones catalanas extraemos una conclusión principal: que el Padre Fundador Mas no tiene toda la fuerza que se requieren para abrazarse con su pueblo, con lo que tiene que cansar eso (ya cuenta el Rey que pasarse la tarde apretando manos es extenuante, así que imagínense). El tema resulta tan coñazo que yo ya he optado por dar rienda suelta a mi verborrea en los foros de la prensa internacional y así, por lo menos, pulo mi inglés. Y haciéndolo creo que he descubierto por qué tantos catalanes quieren separarse de España, porque pocas cosas me han convencido más de que  Catalonia is different que la proporción tan alta de partidarios de la secesión que encontré en los comentarios del Economist. Pero no nos engañemos: aunque uno se vaya por ahí, al final se repiten los patrones de siempre: por un lado están los convencidos de ser un pueblo oprimido, con los que sólo puede uno intentar razonar si tiene mucho tiempo libre, y luego están los que critican la "contraproducente" cerrazón mental de los que no se pliegan a las exigencias nacionalistas, sin ver que tan contraproducente es no dedicar ni un segundo a criticar la cerrazón de los que plantean exigencias a las que otros hemos de plegarnos. Pasado el 25N, en fin, queda claro que frente al coñazo nacionalista no hay milagros y no queda más remedio que aplicarse a un tarea igual de coñazo: la de desmontar la provinciana, egoísta y reaccionaria fábula nacionalista.

También fue ayer día de elecciones en Italia, donde se elegía al candidato del Partito Democratico a las elecciones, que por extensión será un candidato claro a liderar la Italia post-Monti. Eso será si en el post-montismo no está el propio Monti, porque cuando se le pregunta últimamente por el tema al primer ministro se le pone tono de oráculo que, naturalmente, hace que cualquier predicción sobre este asunto resulte poco fiable. Ganó el Secretario General (con mayúsculas de excomunista) Bersani, que es tan chispeante como Monti si al excomisario europeo le quitamos la ironía British, y quedó segundo el alcalde de Florencia Renzi, que si no fuera porque es un boy scout resultaría casi creíble con su discurso startup. Se medirán en la segunda vuelta el próximo domingo, y he leído por ahí que al primero lo votarán los que prestan atención a las instrucciones de seguridad en los vuelos, y al segundo lo votarán los que aplauden cuando el avión ha tocado tierra.  Lo que necesita Italia, vamos: veremos qué pasa. Lo que está claro es que aunque en ocasiones, como este domingo, los líderes quizás no estén a la altura de lo que les exige la Historia, no hemos de perder la esperanza en la capacidad de los pueblos - del catalán, del italiano, del padano o de cualquier otro de los pueblos de Europa- para superar las mediocres circunstancias políticas y las rigideces  normativas del sistema, encontrando resquicios a través de los que poder dar salida a su creatividad.


sábado, 10 de noviembre de 2012

Obama y las zonas de sombra


Al final ganó Obama, seguramente gracias a tanto ilustre endorsement, aunque hay quien sostiene que el que inclinó la balanza fue el mío (lanzado al Universo poco antes de entrar en mi apacible invierno tuitero). Podría decir que mi endorsement está basado en los logros del presidente demócrata en distintos campos, pero en realidad se debe fundamentalmente a uno: que Obama no sólo ha escrito varios libros, sino que ha conseguido que me lea uno de ellos, The Audacity of Hope. Recuerdo que lo compré en un aeropuerto de EEUU en 2009, cuando la obamamanía empezaba a declinar (yo, como siempre en la cresta de la ola). Lo leí en un santiamén, y esto es lo que dejé en mi diario de lecturas al respecto (ojo a lo campanudo que me pongo cuando me dirijo a mí mismo):

"...de esta obra autobiográfica emerge la figura de un hombre dispuesto a afrontar los problemas con honestidad, capaz de ver las debilidades de sus propios argumentos y la fortaleza de los que usan aquellos con los que  habitualmente discrepa, que tiene un inequívoco afán por basar sus decisiones en el sentido común (y en argumentos cuantitativos si es posible) porque entiende que éste es el único modo de afrontar los problemas de un mundo tan complejo como el nuestro. Un racionalista, vaya..."

¡Un racionalista en la Casa Blanca! No se trata sólo de que sea un hombre cultivado, como señala Arcadi (a quien le asoma por las costuras el socialdemócrata que lleva dentro cada vez que habla del amigo Barack Hussein): creo que uno puede saberse los clásicos grecolatinos al dedillo y sin embargo ser totalmente incapaz de mantener un debate medianamente racional sobre cualquier argumento. Del mismo modo (poniendo un ejemplo provinciano) uno puede saber un porrón de la Guerra Civil española, de la preguerra y de la posguerra  y al mismo tiempo ser incapaz de entender que se le pregunte a un aseado parlamentario izquierdista de una de las regiones más ricas de España por su apoyo a un posible proceso de secesión y no tanto por los recortes, cuando esa secesión necesariamente provocaría más recortes o cosas peores. Basta seguir de cerca a estos opinadores profesionales para convencerse de que la capacidad de argumentar siguiendo los principios de la Lógica, siendo coherente con las propias premisas y reconociendo que los propios razonamientos tienen zonas de sombra que nos obligan a considerar otros puntos de vista, no está tan extendida.  

Cómo se entrena esa capacidad, si es que puede entrenarse, no lo sé. Quizás el mejor entrenamiento es enfrentarse a opiniones inteligentes distintas a las nuestras, como sostiene el amigo Tsevanrabtan. En cualquier caso es una cualidad deseable, especialmente para alguien que debe tomar decisiones de las que dependen las vidas de millones de personas. Y yo, desde que leí The Audacity of Hope, creo que Obama sí la posee. Y creo que para convencerse de ello no hace falta leer su libro: basta escuchar alguno de sus discursos y notar que  siempre suelta algún mensaje que parece pillar con el paso cambiado a su audiencia. Ahí está implícito el valioso reconocimiento de que sus propias ideas son mejorables, de que en ellas existen zonas de sombra.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Derby d'Italia

De entre los innumerables derbys que hay en Italia, que acaso son reflejo de aquella Italia de pequeñas guerra intestinas de la que habló Maquiavelo, sólo uno es el derby de Italia y es el Juve- Inter. O dicho de otro modo, i gobbi contra i bauscia. Merece la pena detenerse en estos motes. Al parecer los de la Juve son gobbi por unas camisetas que lucieron  hace décadas y que al correr se abombaban por la espalda, dando a los jugadores apariencia de jorobados. La historia no me convence. Mi teoría es que el mote ha calado porque la chepa, como sabemos desde Andreotti (o sea, desde hace siglos), es rasgo de conspiradores,  y si de algo tienen fama la Juve (desde mucho antes de Moggi) es de ser tratada sospechosamente bien por los árbitros. Los del Inter, por contra, son bauscia por ser milaneses: el bauscia es ese hombre hecho a sí mismo típicamente milanés, que inevitablemente es un tanto bocas. Bauscia es el tiffoso, no así el principesco Moratti, con sus melenita (¡ligera pero estática!) de aristócrata y su piñata robusta y blanca como el mármol de Carrara, un hombre que hacía equipos de playstation cuando la playstaton aún no existía y que tuvo la idea genial de fichar a Mourinho para que cumpliera su destino manifiesto y nos evitara la afrenta de ver al Barça levantar una Champions en el Bernabeu.


Por Moratti, pues,  somos del Inter. Y por eso me alegré de la victoria de ayer, la primera importante tras una larga depresión postmourinho. La Juve llegaba con cuatro puntos de ventaja tras 49 partidos imbatida: una temporada y pico avasallando con su juego, que consiste en que Pirlo mande pases milimétricos hacia los que siempre corre alguien. El Inter es un equipo a medio hacer, con algunos jugadores jóvenes y con un Cassano cada día más currorromero pero, amigos, se plantó ayer en Turín con su columna vertebral argentina intacta: mi tocayo el rocoso Samuel, el mítico Zanetti con sus pantalones cortos de jugador de otra época (que es exactamente lo que es), el pícaro Cambiasso y "el príncipe" Milito, junto a la nueva adquisición, Palacio, un argentino con trencita. Así que, tras el primer gol de la Juve, que partía de un clarísimo fuera de juego que a alguien le habrá costado una chepa, y superada la zozobra inicial, empezaron a tomar el control del partido de un modo admirable, dando una lección de fútbol canchero, con ese punto competitivo de los argentinos que uno siente cuando ve a Milito celebrar los goles cerrando los puños. Un doblete del incombustible goleador y la puntilla de Palacio sirvieron para abrir un scudetto que muchos consideraban visto para sentencia. Garantizando, de paso, que esta temporada todavía nos queda por ver otro buen derby d'Italia.

domingo, 21 de octubre de 2012

Jesús Ferrero, once años después

Un domingo de octubre de hace once años mi padre me acompañó a tomar el tren Goya para París, adonde iba a estudiar por un año.  No sé muy bien quién era yo por entonces, pero sí recuerdo llevar conmigo una imagen mental de mi ídolo de juventud, Henry Miller, paseando en sombrero y gabardina por la orilla del Sena. Desconozco el origen de esa imagen, de hecho ni siquiera tengo claro que  Miller usara sombrero y gabardina ni que le gustara pasear, pero sí tenía claro que se había hinchado a follar en París, y quizás eso es lo que me había llevado a estar ese domingo en el andén del tren Goya.  Avanzando por el andén nos cruzamos con un tipo que vestía sombrero y gabardina negras, y mi padre me dijo que era Jesús Ferrero. La afirmación me resultó chocante (por eso la recuerdo) porque jamás me había hablado de él. De hecho, su nombre sólo me sonaba por un ejemplar de "Opium" que había visto en la librería de casa y que nunca me digné a abrir: por entonces era un joven airado que mantenía un severo veto a los autores españoles contemporáneos (quizás porque en sus libros no se follaba lo suficiente).

De todo esto me he acordado porque, aunque el veto caducó hace mucho, no había leído nada de Jesús Ferrero hasta ayer mismo, cuando me encontré con un artículo suyo en la prensa. Será porque el artículo no tiene nada que ver con la deprimente actualidad, pero el caso es que me ha gustado bastante. En él, Ferrero nos cuenta que los escritores se dividen en dos grupos. El primero es el de los que están en este mundo, que interactúan con la realidad e incluso aspiran a moldearla: el ejemplo extremo es el de Churchill (del que cuenta una simpática - y verosímil - anécdota falsa). El segundo es el de los que viven en su torre de marfil y que tienen una relación mucho más modesta con la realidad, conscientes de que no hay nada que hacer al respecto.  Yo creo que la distinción vale también para los que no somos escritores, aunque yo mismo no tengo muy claro en qué mundo vivo: quizás haya por ahí alguien que lo sepa, como (según Ferrero) lo sabe Carmen Balcells de los escritores a los que representa.  

Volviendo al tren Goya, no me crucé con Jesús Ferrero en todo el trayecto, aunque probablemente era lo que más me hubiera apetecido: para hablar de Miller, de París, de sombreros y de gabardinas. Me tocó compartir camarote con un prototípico señor de pueblo español, con el que conversé a ratos y del que sólo recuerdo que llevaba su maleta atada con una cuerda. De la conversación no recuerdo nada, probablemente porque no entendí nada de lo que me dijo: cómo iba a hacerlo, si eramos habitantes de dos mundos distintos. Y ya sabemos lo complicada que es la comunicación interplanetaria.