martes, 30 de mayo de 2017

Cerrando el cuaderno.

Acumular cuadernos empezados quizás pueda ser considerado como un síntoma positivo, como el efecto de una mente en ebullición que concibe mil proyectos y que simplemente anda falta de tiempo para desarrollarlos. Los que los acumulamos, sin embargo, sabemos que no es así. En la mayoría de los casos cada uno de esos cuadernos, con su transición entre las páginas iniciales escritas con rigor declinante y esas páginas finales inmaculadas, son un perfecto resumen de cómo el entusiasmo inicial por una idea, que quizás no era tan buena, se acabó apagando para dejar lugar al (¡perfectísimo!) vacío de la página en blanco. Tarde o temprano entonces nos cansamos de encontrarnos una y otra vez con un recordatorio de nuestro pequeño fracaso, y es el momento de abrir el cuaderno por última vez, releer brevemente lo escrito, cerrarlo y bajarlo al trastero.

Algo así pasa con este cuaderno. Lo abrí hace ya más de seis años, quizás por una inercia escritora que provenía de mis intercambios de email febriles (y fieros) con amigos y de mi participación en distintos blogs, en particular en el de Arcadi Espada y en el posterior Nickjournal. Lo hice también para poner por escrito mis reflexiones y perplejidades sobre mi nueva vida en Milán, adonde llegué por uno de esos afortunados accidentes que tiene la vida. Y un poco también, como cualquiera que escribe y opina sobre el mundo que le rodea, para cambiar el rumbo de la Historia.

Y así han ido pasando los años por este cuaderno, cuyas páginas hemos ido llegando con esfuerzo (eso no cambia). La Historia, para mi sorpresa, ha seguido su impredecible curso ajena a mis posts, como muestra que a mi admirado Obama le haya sucedido un crazy orange guy o que Francia tenga ahora a un presidente ilustrado por el que no habría apostado ni harto de grappa. Sobre las posibilidades de cambiar el curso de la Historia, además, había quedado ya bastante desengañado por tuíster, donde acabé de entender que mis campanudeces al final sólo interesaban a mis amigos (menudo descubrimiento). Por lo demás, cada día soy más milanés y empieza a sorprenderme más lo que pasa en España que lo que pasa aquí. Todo ello, en definitiva, debió contribuir a que abriera este cuaderno cada vez menos con menos frecuencia. Pero aún quedaría quizás algo de entusiasmo y sobre todo de tiempo para seguir escribiendo este cuaderno, si no fuera porque hace poco llegó Emma...






... una joya que, empiezo a saber por experiencia, me va a tener bastante ocupado los próximos años. Así que quizás sea ésta una buena excusa para cerrar de una vez este cuaderno, que quedará como el reflejo de algunas de las cosas que se me pasaron por la cabeza estos años inolvidables (algunas de las cuales, releyéndolas ahora, me sorprenden hasta a mí). 

Antes de cerrarlo, quiero dar las gracias a todos los que pasaron por aquí. En particular a unos cuantos, como a Josepepe, que lee y ha leído todo lo que yo querría leer y que además siempre encontraba tiempo para leer y comentar con agudeza este blog. A aviermen, con el que he polemizado menos de lo que me gustaría estos años (¡habría sido mejor aún con Nacho de por medio!), pero espero arreglarlo pronto. A S., el socialdemócrata sabio y con yate al que nos gustaría parecernos de mayores. A maigr3t, que entró a menudo con ganas de guasa y siempre me dejó una sonrisa. Y a Albert y Manuel, lectores asiduos y atentos. Es una buena ocasión también para agradecer a otros a los que he leído asiduamente y de los que he aprendido desde los tiempos del blog de Arcadi Espada, y que sospecho que pasaban también de vez en cuando por aquí: Tsevanrabtan, Qtyop, MontanoMercutio, Schultz, Bartleby... Son gente a la que merece la pena seguir de cerca, y seguramente me dejo a otros: quien quiera una lista de recomendaciones, que vea a quién sigo en mi cuenta campanuda de twitter.

Y ahora sí, cierro el cuaderno. Conociéndome, no excluyo volver a las andadas en el futuro. Aunque eso sí, para evitar ponerme otra vez demasiado campanudo, es posible que me obligue a poner la jeta.

miércoles, 11 de enero de 2017

1. Último discurso

Qué maravilla el discurso de despedida de Obama. No se me ocurre nada mejor a lo que dedicar hoy 52 minutos.




Para rebajar la emoción, recomiendo este desapasionado balance que le dedicó el Economist, un balance que se complementa bien con estas certeras palabras de Arcadi Espada:

'Obama deja la presidencia con su país cerca del pleno empleo y con millones de americanos acogidos por primera vez a un seguro de salud. Aunque su legado fundamental haya sido su resolución de tratar a los americanos como adultos y su aversión a la política como pócima: la vida social trae conflictos difíciles. Es probable que haya cometido errores, especialmente en la política exterior. Habrán sido errores meditados.'

Por si no fuéramos a echarle de menos lo suficientemente, Obama será sucedido por Donald J. Trump, un señor que no ha ofrecido en los últimos meses más que el fastuoso espectáculo de su pequeñez (en riguroso directo, eso sí, gracia a tuíster) y que me inspira visiones tan catastrofistas que no me atrevo a empezar a ponerlas por escrito.

Mejor entonces dejar los catastrofismos de lado y escuchar de nuevo, una vez más, las sabias palabras de este último discurso del Presidente Obama: mantengamos la esperanza, mantengámonos vigilantes. Y dispuestos a comprometernos, si fuera necesario.

Gracias por todo, Presidente.

jueves, 18 de agosto de 2016

7. Evolución vertiginosa.

Las terribles y conmovedoras imágenes del pequeño Omran Daqneesh, rescatado ayer de entre los escombros dejados por el enésimo bombardeo a Alepo, ilustran hoy un texto en El Mundo al que hay que reconocer su rabiosa originalidad. Porque en el mismo texto en el que nos habla de la triste historia de Omran (sin exagerar, porque el conflicto sirio nos lo sabemos ya al dedillo) el periodista ya nos reprocha nuestra indignación y nuestro acongojamiento pasajeros, nuestros viralizantes clicks inútiles y nuestro más que predecible olvido. Tres fases  que hasta hace poco (hasta ayer, diría yo) requerían unos tiempos y que el autor condensa en unos cuantos párrafos. Habrá que felicitarle pues por habernos ahorrado un tiempo muy valioso, aunque para ello haya tenido que demostrar que es más listo que todos nosotros.

Dicen que los medios están evolucionando a una velocidad vertiginosa y va a haber que creérselo.

sábado, 9 de julio de 2016

6. De progresivos y progresistas

Pasé el último finde en Barcelona con la excusa de un festival de rockeros progresivos, ya saben: gente sospechosa que ha escuchado más a Pink Floyd y a King Crimson que a los Beatles. Por la fastuosa obra del nuevo Consistorio del Cambio no me pregunten, aunque les diré que vi las Ramblas tan llenas de guiris prácticamente pickles como siempre. En cuanto al festival, les dejo aquí el tema con el que cerró el cabeza de cartel, Steven Wilson.  Si tienen ocho minutos que perder, escúchenlo, vale la pena:


Antes de ir a lo que iba (porque esto no es un blog musical, por si no lo habían notado), señalaré la presencia en el festival de los franceses Magma, que cantan en un idioma inventado. Mérito doble éste siendo como son franceses, y triple si se considera que lo llevan haciendo desde 1969.

Lo que yo quería contar, no sé muy bien por qué, es que coincidí en el aeropuerto a mi vuelta con Raül Romeva. Se acordarán de él: un excomunista al que pusieron al frente del fallido movimiento Catexit hace mucho tiempo (político), antes de la convulsión británica y la era del cambio que viene oh oh. Alto hasta para mí, de espalda recta y ancha enfundada en una chaqueta impecable, por un milisegundo estuve tentado de acercarme a saludarle y a hacerle una de esas preguntas que siempre he querido hacer a estos supuestos progresistas que se ponen a la cabeza de  movimientos secesionistas o soberanistas, por definición insolidarios: si se sigue considerando de izquierdas. Seguramente no lo hice porque estaba demasiado concentrado en terminar de procesar la cerveza del día anterior... o quizás simplemente estaba demasiado cansado de reformular esa pregunta, que es la pregunta de siempre. Quizás me habría animado de haber haber tenido a mano un admirable artículo que publicó unos días después Félix Ovejero en El País, y en particular este párrafo a propósito de los soberanistas de Podemos, señalando...
... la frívola despreocupación con que Podemos suscribe desde siempre —en eso no ha cambiado— ese extravagante derecho a decidir (“de las distintas naciones”), que inutiliza todas sus otras propuestas. La defensa del Estado de bienestar, de la sanidad o la educación resultan trampantojos cuando unos ciudadanos pueden decidir que la redistribución no va con ellos; que la caja común de la Seguridad Social deja de serlo; que una parte del país de todos, los hospitales, las universidades o los trabajos, solo quedan abiertos para unos pocos. Los problemas que ya experimentamos con las tarjetas sanitarias plurales o con esas exigencias lingüísticas que importan más que doctorados al encontrar trabajo, pero a lo bestia. Podemos, como otros antes, puede contentar a parroquias locales; eso sí, a fuerza de desmontar su proyecto. Una historia clásica de nuestra izquierda. “Cada uno es responsable de su parte y nadie es responsable del estrago”, escribía un poeta.

Habría estado bien, en definitiva, poder acercarse a Romeva señalando estas líneas y pedirle, educadamente, que las rebata si es que puede.

Pero en fin, no se dieron las circunstancias adecuadas. Probablemente fue para bien, porque estuvimos atrapados en el aeropuerto varias horas y la cosa podría habérsenos ido de las manos y haber acabado fundando un partido. El caso es que muy probablemente habría dejado pasar todo esto si hace poco no me hubiera encontrado con un texto de Daniel Gascón, elocuentemente titulado La disposición conservadora (celebrado también por Espada). Un resumen de las razones de los conservadores expuesta por el pensador Michael Oakeshott que resulta especialmente pedagógico y necesario en estos tiempos: basta ver algunas reacciones a la reciente victoria del PP para convencerse de ello. Pero casi tanto mérito como la exposición de argumentos tiene el encuadre de Gascón, del que resalto este párrafo:
 Yo no soy políticamente conservador. Creo que muchas tradiciones contribuyen a la opresión y reprimen la libertad individual y a veces los gobiernos deben ir un poco por delante. Los símbolos del conservadurismo están lejos de mi educación sentimental, de mi socialización política y de mis referentes culturales.
Un párrafo que resume bien el motivo por el que merece la pena ser progresista, pero que también señala la trampa mortal del progresismo y de cualquier otra ideología: los símbolos. A los que tanto apego tenemos, porque forman parte de nuestra educación sentimental. Por eso muchos prefieren dejarlos intactos, aún a cosa de sacrificar en su lugar los principios. Este párrafo me hizo entender que quizás Romeva, como tantos otros, vivan en medio de sus brutales contradicciones por un comprensible miedo a sacrificar sus símbolos. Hasta que lo entiendan, o se lo hagamos entender, mientras que persistan las razones  que señala Gascón merecerá la pena seguir considerándose progresista. Y mientras haya artistas como Steven Wilson, me permitirán que lo diga para cerrar esta entrada, merecerá la pena seguir escuchando rock progresivo.

domingo, 28 de febrero de 2016

4. Sonrisillas.

Esta semana volvía a casa y pensé escribir una nota en el blog, y al final no lo hice. La nota debía empezar diciendo que un hombre volvía a casa atravesando la neblina milanesa con una sonrisilla dibujada en la cara. A continuación explicaría que ese hombre era yo y que la niebla era por exigencias del guión, porque en realidad hace tiempo que no tenemos niebla por aquí. 

La sonrisilla, sin embargo, era auténtica. Y tenía un motivo: el reciente acuerdo entre PSOE y C's, y las reacciones que había suscitado. Dicho todo esto, habría entrado a  detallar por qué el acuerdo me había dibujado una sonrisilla en la cara. Por razones que no vienen al caso al final no lo hice, pero por el camino apareció un 
post de Tse, siempre puntual, sobre las justificaciones del acuerdo que han dado unos y otros, y  decidí dejar allí mi opinión  al respecto. Reproduzco y adecento un poco lo que dejé dicho allí: 

En mi opinión el acuerdo entre PSOE y C's es una jugada inteligente dentro de la partida partidista (con perdón) que beneficia a sus protagonistas y perjudica a los que se han quedado fuera. Lo demás son excusas y discursitos de cara a la galería. No es bonito, pero así son las cosas. 

El PSOE tiene como prioridad llegar a la presidencia del gobierno, y eso implica no pactar con el PP (porque ... ¿cómo iban a exigir quedarse ellos con la presidencia, teniendo menos votos?). Gobernar les interesa por las razones por las que interesa gobernar a todo el mundo. Pero evitar una gran coalición les interesa especialmente porque no quieren PASOKizarse ni SPDizarse. En ese sentido, no hay que olvidar la importancia que tiene tiene diferenciarse del principal rival para vender la propia “marca política”: en “Fuego y cenizas” Michael  Ignatieff  explica muy bien esto.

La jugada de C’s es algo más complicada, pero creo que es más o menos como sigue. El acuerdo interesa a los naranjas porque si sale bien, les permite estar cerca del gobierno, ampliando su visibilidad y reforzando su imagen de partido fiable, de Estado. Pero hay un detalle importante, y es que este acuerdo amplía su potencial base electoral: la gente tiende a considerarles más de derechas de lo que son (la “marca blanca del PP” ¿recuerdan?) y con este acuerdo se ganan una pátina de centristas (y les ayuda a colmar 
un prometedor espacio en el espectro político). Hasta @Egocrata empieza a mirar con mejores ojos a Ciudadanos.

Rajoy quizás habría podido evitar esta jugada lanzándose a saco a un pacto con C’s desde el principio, pero no sé si C’s habría aceptado, porque creo que les interesa más este acuerdo. En cualquier caso, no han estado muy rápidos.

En definitiva, creo que Sánchez le ha comido la tostada a Rajoy. Si la jugada no sale y se vota de nuevo, creo que PSOE y C’s subirán -creo que estos meses se están haciendo largos y votar a partidos que pueden llegar a acuerdos puede ser un incentivo- y tendrán más posibilidades aún de gobernar.

Me consta que la Verdadera Socialdemocracia (TM) está feliz. 

Y de ahí mi sonrisilla. 

***


La semana trae otra sonrisa por la aprobación en el Senado (era el escollo más importante, el Congreso debería dar menos problemas) de la "ley Cirinnà", que permitirá las uniones civiles entre homosexuales. Aunque sea un acuerdo mejorable, es una de esas leyes que solucionan problemas muy concretos a un montón de personas (estimo que a un 23% de la población milanesa, con un pico cercano al 38% durante la Semana de la Moda).  Pero bien mirado, como explica 
Luca Sofri tan lúcidamente como suele, el acuerdo da para un brindis veloz y poco más. La sonrisa aquí se queda también en sonrisilla.

sábado, 30 de enero de 2016

3. Etiquetando

Me manda mi amigo N. un artículo titulado “Reflexiones socialdemócratas” porque sabe que me gusta coleccionarlos (como a otros les gusta coleccionar insectos). Me subraya este párrafo:


"Ahora bien, la socialdemocracia no puede aceptar transacciones entre igualdad y bienestar. Consideren, por ejemplo, la siguiente alternativa: por un lado, una sociedad donde la fracción más rica tiene asignado 10 y la más pobre 5 (una desigualdad de cinco puntos); por otro lado, una sociedad donde la fracción más rica tiene asignado 7 y la más pobre 4 (una desigualdad de tres puntos). La igualdad sería mayor en esta última sociedad, pero el bienestar menor (también menor para la fracción más pobre). Desde el punto de vista del sector con menores recursos, no tendría sentido sacrificar su bienestar a cambio de una mayor igualdad. Esta opción difícilmente sería respaldada por los votantes."


Leo el artículo, que es interesante, y pienso en la etiqueta socialdemócrata... con cansancio. La única etiqueta que me interesa a estas alturas es la etiqueta de racional. Porque lo racional es defender, como el autor, que hay desigualdades tolerables y que deben ser valoradas en su justa medida, sin olvidar sus potenciales efectos negativos (que existen). Pero ahí está el debate: cuánta desigualdad es tolerable y cómo intervenir para modularla. Un debate que debe ser afrontado - sí- racionalmente, con datos. Y quien lo niegue, independientemente de que se tenga por socialdemócrata à la Podemos, hegeliano, ecocomunista, carlista o libertario, para mí sólo será un oscurantista. A menos que presente pruebas convincentes.


***


La polémica por la visita del presidente Rohani ha tenido el nivelazo de todas las polémicas análogas que han surgido en los últimos años (¿es normal que empiecen a aburrirme?). Pero al menos he hecho un descubrimiento valioso gracias a Roberto Saviano: la Venere Callipigia. De nada:


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Viendo casas, que es una ocasión para ver a la gente que hay dentro de las casas. En la de hoy nos recibe una señora diminuta. En las paredes, fotografías enormes de juventud, con su marido en la playa  (pelo en pecho y chancla de goma él, sorprendentemente exuberante ella). La cocina, alicatada como para sentirse en el interior de una caracola gigante. En la entrada, un pequeño busto del Duce y otro más grande en el salón, encima de la tele.  


Aunque el día empezó políticamente bastante mal, mejora sustancialmente con una columna de Savater en la que se ventila a integristas, islamófobos y nacionalistas en dos párrafos. También leo que Arcadi ha aparecido en Il Venerdì di Repubblica. Le he pedido a mis suegros que me lo guarden, ya lo leeré cuando pasemos por allí.



Porque los verdaderos socialdemócratas creemos en los incentivos.

sábado, 23 de enero de 2016

2. Convivencias

Pasaron las elecciones y desde entonces Arcadi lleva insistiendo en una gran coalición entre PSOE, PP y C’s. Así lo hace de nuevo hoy dirigiéndose a los socialistas, por su bien, porque sostiene que la operación no llevaría al temido sorpasso de Podemos. Pero hay una posibilidad que él y otros defensores de la coalición tricolor no parecen considerar y que no es sólo preocupante para socialistas, sino también para los demás: que una gran coalición colocaría a Pablo Iglesias en el papel de líder de la oposición, que como sabemos son los que suelen recibir los votos de los descontentos del gobierno… descontentos que podría haber, sin duda.  Además, un gobierno de PP, PSOE y C’s tendría toda la pinta de un gobierno técnico y, bueno, de vez en cuando me encuentro con Monti paseando aburrido al perro. Aunque hay quien dirá que hace falta un Monti para allanar el camino a un Renzi.

***

Un joven allegado mío es muy aficionado a los toros. Un chico educado y con estudios. Para que se hagan una idea: un chico que escribe posts en FB sin faltas de ortografía. En esta generación eso te coloca entre los candidatos al  Francisco Rico del S. XXI..


Pues bien, cada vez que  surge una noticia diciendo que algún ayuntamiento del cambio se declara antitaurino, este muchacho escribe unos posts hablando de atropellos a derechos y libertades fundamentales que, en fin, pareciera que está denunciando la detención de Nelson Mandela.


Estas pequeñas cosas me hacen valorar aún más la convivencia democrática.


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Una pareja de octogenarios discuten a voces en la acera de enfrente. Él se ha adelantado unos pasos y, vuelto hacia ella, hace el inconfundible gesto con la mano de che cazzo dici. Ella le alcanza, él le ofrece el brazo y así, entrelazados, prosiguen con su paseo y con su discusión a voces.


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Hoy he pasado por la Via Spartaco. Gladiatore, especifica la placa, como hacen por aquí en las calles dedicadas algún notable personaje histórico. Aunque esta parece que la hubiera escrito un descendiente directo de Craso.


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Sigo (¡cómo no!) con interés el proceso de formación de gobierno en España, si es que se forma. Y también estoy leyendo algo de la palabrería que está produciendo, claro. Y de todo lo que he leído, quizás lo más lúcido ha sido esto de Roger Senserrich, donde explica por qué quizás Pedro Sánchez esté haciendo lo más sensato que puede hacer con las cartas que tiene en la mano: formar gobierno y evitar elecciones, independientemente de lo que nos parezca. Aclaro, por si hiciera falta, que me parece lamentable que un partido que siempre ocupó el centro-izquierda se eche a los brazos de syrizitos y xenófobos light varios, pero me imagino a Sánchez más preocupado en salvar su pellejo y en contentar a sus votantes que en satisfacerme a mí.


De todos modos, habrá que ver cómo acaba la cosa. Hasta entonces, quizás mejor evitar el ruido mediático y leer lo imprescindible, como por ejemplo a Savater.

lunes, 18 de enero de 2016

1. Un pseudodiario

Se trata de otro intento de matar el gusanillo. De intentar hacerlo esta vez con algo de ligereza y sin demasiadas precauciones. Sin mirar demasiado atrás. Vamos a aprovechar la facilidad que tenemos para empezar, e intentar evitar las complicaciones con las que nos encontramos al intentar concluir. Vamos a intentar dejar un testimonio ordenado de lo que creemos que merece la pena que recordemos: esa idea que nos pareció meritoria, ese artículo que tanto necesitábamos leer y que por fin leímos, eso que nos dijo nuestro amigo hace tiempo y que por fin entendimos.


Hablaremos de lo que pasa pero esperaremos a que sedimente, poco a poco. Vamos a intentar evitar seguir los acontecimientos demasiado de cerca, porque van demasiado rápido para nosotros.


No lo llamaremos un diario, porque no lo haremos todos los días. Llamémoslo un pseudodiario.

domingo, 27 de septiembre de 2015

My own personal catalan compilation

No sé si se habrán enterado, pero hoy hay elecciones en Cataluña. Como les conozco como si les hubiera parido, les imagino consumiendo compulsivamente columnas, tuits y titulares mientras se acerca el emocionantísimo recuento final, en el que descubriremos si los que aspiran a la Declaración Unilateral de Independencia a secas obtendrán la mayoría absoluta o si necesitarán de la ayuda de los que aspiran al "combo" DUI + revuelta popular (aspiración que suele ser convalidable por un sillón en la consejería de cultura o en la de vivienda en las democracias avanzadas). Para contribuir a saciar su apetito de análisis, y con la tranquilidad absoluta de que mis palabras no influirán en la voluntad del pueblo catalán, que está lanzado, les dejo aquí unas cosas que he escrito en los últimos años sobre el dichoso tema para que vayan matando los nervios. Y que el ritmo no pare:

- Recordemos que en su momento quisimos empezar por los principios, señalando una renuncia inexplicable.

- También hicimos algo de trabajo de campo y, tras un par de paseos, hablamos de los balcones de Barcelona (ideal para el día antes) y de una ventana de Edimburgo  (ideal para el día después).

- En un día bueno, decidimos dedicarnos a explicar las palabras del maestro y casi nos sale un ensayo sobre su obra.

- Tampoco pudimos evitar comentar las palabras de uno de los líderes del bando aficionado a las antorchas, que expuso con notable claridad y capacidad sintética sus intenciones.

Y, cómo no, también escribimos algo en vísperas de la penúltima jornada histórica. Así que no se pongan melancólicos cuando pase la de hoy: seguro que habrá más.

lunes, 18 de mayo de 2015

La memoria traicionera

Estoy leyendo Limonov por recomendación de Josepepe, a quien no le agradeceré nunca lo suficiente sus recomendaciones literarias. Comentándolo en su blog, le señalo lo distinta que puede ser la lectura que hizo de Trotsky el oscuro Limonov en Nueva York ('le gusta cuando declara sin ambages "¡Viva la guerra civil!"') de la que pudo hacer el pequeño burgués que era (literalmente) yo hace bastantes años cuando, en una Feria del Libro, me acerqué a la caseta que regentaban unos barbudos y me hice con La Revolución Traicionada.

Recuerdo nítidamente que la caseta era de la Fundación Federico Engels, los barbudos empiezo a sospechar que son un recuerdo falso y del contenido del libro, honestamente, no recuerdo nada. Pero sí guardo un vago recuerdo de haber terminado de leerlo siendo más sabiondo que cuando comencé: es posible que usara algún argumento del viejo León contra algún amiguete -o no tanto- comunista, o que me sirviera para declararme trotskista mientras comía pipas una tarde en un parque de mi barrio. No sé.

La pregunta es: ¿acaso eso quiere decir que la lectura del libro de Trotsky no dejó más huella? No tan rápido: por un lado, es posible que de Trotsky pasara a leer sobre el POUM, y de ahí a Orwell, de Orwell a Espada y de Espada a Montanelli, y así hasta aquí. Pero hay una posibilidad aún más intrigante: quién sabe si algunas de las tesis Trotsky, que releídas en labios de Limonov hoy me parecerían escandalosas, no han guiado mis pensamientos más profundamente de lo que pienso. Porque, en general, ¿podemos descartar que nuestros pensamientos estén sujetos al efecto incesante de ideas a las que se les ha borrado el etiquetado, de las que simplemente no recordamos la procedencia, y que precisamente gracias a eso resisten sin ser mandadas al cajón de las ideas descartadas? Yo creo que no; quién sabe hasta dónde llega la influencia de esa memoria que disimula ser memoria, de esa memoria traicionera.

Por eso he sentido la urgencia de escribir estas líneas: no me gustaría olvidar por qué pienso todas estas cosas.

domingo, 29 de marzo de 2015

Domingo de contrastes

Vuelve a apetecerme dejar aquí una lista de lecturas dominicales. Para que no se crean que estoy copiando el formato a Pablo Rodríguez (cuyas lecturas de domingo, por cierto, me parecen imprescindibles), voy a entremezclar piezas sublimes con otras discutibles, pasando por varias que ocuparían puestos intermedios. Por el camino me temo que se me escapará algún que otro comentario para orientar a los despistados sobre cuál es cuál.

- Empezamos fuerte y desde muy abajo con Jordi Soler, por quien me entero de que "somos el cuerpo social más dócil y cobarde que se haya dado jamás en la historia de la humanidad". En otras palabras, que si nos pillara un antepasado de las cavernas nos pegaría una hostia que nos vestiría de torero. Confiamos en que el paleotraining invierta esta preocupante tendencia.

- En el otro extremo de la clasificación tenemos siempre al gran Tsevanrabtan, esta vez a propósito de las recientes excarcelaciones de etarras y del ruido mediático desinformado que las ha rodeado. Señalamos para lectores atentos lo que cuenta Tse sobre el juez Luciano Varela. Que, por acojonante que sea, por lo menos deja la sensación de que quizás haya jueces imparciales en España.

- Tampoco está mal el bienintencionado artículo de Varoufakis hoy en El País, donde nos dice que él se opuso a que se rescataran a los bancos griegos, porque hacerlo iba a tener un coste en los ciudadanos. Y es ahí donde suelo encallar porque...¿acaso rescatando a los bancos no se estaba rescatando a unos cuantos pobres ciudadanos que les habían fiado sus dineros? Y ahí nos quedaremos encallados hasta que el elocuente ministro griego nos dé más pistas.

- Desde aquí siempre recomendamos leer a Muñoz Molina, aunque esta vez  él también nos haga una recomendación de Iñaki Uriarte (y van...pero oigan: tiene que ser bueno si tanto le gusta a mi amigo Josepepe). Pero Don Antonio sabe hacerse perdonar tocándonos la fibra y señalando que  "escribiendo para uno mismo o para nadie se escribe para la gran fraternidad de los desconocidos". Así de sensibles somos en esta casa.

- El conspicuo tuitero Last Churrero me manda con su sorna habitual esto del Profesor Ruiz de Elvira, que se ha echado ya las cuentas y tiene soluciones para los problemas energéticos españoles y mundiales, por no hablar del paro y de la economía global. Vamos a necesitar 700.000 voltios pero, joder, hay que intentarlo.

- Ayer Savater escribió un artículo en defensa de las opiniones Domenico Dolce y Stephano (?) Gabanna, que no celebraremos en este cuaderno en tanto milaneses, ni por su creativa ortografía italiana, sino por la sutil distinción que establece entre adopciones por parejas homosexuales y el "derecho ético a ‘tramitar’ un recién nacido que carecerá desde la cuna de padre o madre". Por lo demás no diremos más hasta que no decidamos si estamos de acuerdo con él o no. Aunque a esta hora de la tarde va ganando el no.

- Para terminar, les dejo con este diálogo que, si son personas de bien como el que escribe estas líneas, hará que se les ponga cara de emoticón con corazoncitos en los ojos.


Y ahora me voy, que me han dicho que es Domingo de Ramos:


miércoles, 25 de marzo de 2015

La parca

Se cae un avión y Arcadi hace una descripción inmejorable de cómo funciona el resorte del kilómetro sentimental. En mi caso el kilómetro es tan sentimental como geográfico, porque he sobrevolado decenas de veces los Alpes en los últimos años. Al principio pedía la ventanilla en el lado que me permitía verlos, imponentes, a la derecha o a la izquierda dependiendo de si voy o vengo. Pero, como dije, no hay prodigio que no pierda capacidad de asombro al volverse rutinario, y últimamente sólo les lanzo una mirada distraída de vez en cuando. Lo que sí podría jurar ahora (trampas de la memoria) es que el imponente macizo encrespado siempre me provoca un pequeño estremecimiento. La próxima vez el estremecimiento será mayor. También sé que éste se irá diluyendo.

Curiosamente hace horas leía a Jesús Mosterín hablando de la Parca. Después supe que no tenía nada que ver, pero en mi ignorancia ("ho seguito una via serpeggiante, annusando qua e là, e costruendomi una cultura disordinata, lacunosa e saputella") leí el artículo y me pareció acertado describir a la huesuda como parca ... en palabras. Silenciosa, como lo es en sus representaciones cinematográficas. Llegando sigilosamente. O mejor, sin avisar, y entonces ya es tarde: basta un estruendo en clase turista, o unas células zombies que no se enteraron de que no fumabas. Después, la nada.

He escrito demasiado cuando probablemente hoy tocaba ser parco en palabras. Quizás sólo queda desearnos a todos la entereza (racional) con la que Mosterín (o Sachs) afrontará a la Parca.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Un puñado de buenos artículos

Es 11 de marzo y quizás por eso me acuerde de mi cuaderno, donde dije lo que quería decir sobre el 11M hace un año. Pero no entro aquí para hablar del 11M (en esto también se nota el inexorable paso del tiempo) ni para hablar de nada en concreto, sino para dejar un puñado de buenos artículos que he leído últimamente y que quizás puedan interesar a los que se dejan caer por aquí de vez en cuando.

- Francesc de Carreras explica que el nacionalismo español quizás exista, pero que es dudosamente influyente y (esto es más convincente) no hace falta compartirlo para oponerse a los demás nacionalismos patrios. Creo que zanja la cuestión para los próximos siglos.

- Thomas Friedman, un columnista serio y con bigote, escribe dos buenas piezas sobre las relaciones entre Estados Unidos e Israel: sobre la influencia de Sheldon Adelson (el hombre que casi multiplica los casinos de Torrelodones) y sobre la reciente (y acojonante) jugada de Netanyahu y los republicanos. Aunque quien mejor lo expresa es Jon Stewart.


- Siguiendo en el Times, hoy David Brooks explica por qué quizás tengamos que ser un poquito más moralizantes y por qué el viene siéndolo más últimamente, algo que nos incomoda a sus lectores. Pero es precisamente por su modo de moverse en ese terreno tan resbaladizo por lo que le leemos. 

- Barriendo para casa, no sé si preocuparme por el hecho de que Marías haya enlazado dos columnas de naturaleza política bastante decentes, pero así es: en una arremete contra los denostadores de la Transición (resumiendo algunas ideas que atraviesan su estupenda "Así empieza lo malo") y en otra recuerda algo tan básico como que tener cuentas bancarias en el extranjero no es nada censurable de por sí. Siempre es de agradecer cuando alguien se para a explicar lo básico. Porque, en efecto, los listos a veces no llegamos a algunas cosas, como muestra a veces el propio Marías.

- Siguiendo en España, el buen lector Savater deja unas interesantes reflexiones sobre el Islam, que se está ganando a pulso la sospecha de ser una de las religiones que peor disimulan su incompatibilidad con la democracia.

- Y para terminar, creo que Enric González ha escrito una columna que quizás encierra la verdad última sobre el fútbol: en el fondo, ni el estomagante Lucho ni el gran Carletto saben por qué pasa lo que pasa. No digamos ya nosotros.

domingo, 25 de enero de 2015

La distancia de Napolitano

Si pudiera dedicar mi tiempo a estudiar esas maravillosamente complejas criaturas que son los partidos políticos - mejor, si pudiera dedicar más tiempo, porque qué otra cosa si no hacemos todo el día los frikis la actualidad política más que dedicarnos a analizar las evoluciones de los partidos políticos-  probablemente intentaría especializarme en el Partido Comunista Italiano. No les sorprenderá: ya apuntaba maneras yo cuando hace casi ocho años escribí un texto sobre el comunista Guido Rossa, de cuyo vil asesinato a manos de los camaradas de las Brigadas Rojas hizo ayer 36 años, como recordaba en un tuit Roberto Saviano.

No hace falta conocer los detalles de este triste episodio histórico para adivinar que el interés fundamental que encuentro en el PCI y su historia son sus abundantes paradojas y contradicciones, que son un buen muestrario de las paradojas y contradicciones históricas de la izquierda (quizás uno de los temas donde mejor desarrollo mis tendencias masoquistas). Pero no es por la triste historia del valeroso Rossa por lo que he estado pensando estos días en el PCI, sino al leer algunos de los textos aparecidos recientemente repasando la trayectoria de Giorgio Napolitano (recomiendo este de Il Post y este de Antonio Elorza), cuyo sucesor se elegirá en los próximos días. Una trayectoria la del napolitano (!) tan compleja y contradictoria como la del partido del que siempre formó parte (también tras sus sucesivas mutaciones).




Tiempo para desarrollar distintas contradicciones, desde luego, no le ha faltado: en sus aproximadamente setenta años en la política activa, Giorgio Napolitano ha tenido tiempo de militar en un grupúsculo intelectual universitario fascista y de participar en la resistencia antifascista, de defender la invasión soviética de Hungría y condenar la de Checoslovaquia, de pelearse con el eurocomunista Berlinguer para luego ser encuadrado en el sector derechista del partido, para terminar siendo un jefe de Estado capaz de capear el temporal que se cernía sobre Italia y sobre Europa, aprovechando la ocasión (dicen los más convencidos de sus capacidades, sean admiradores o detractores) para dar la puntilla política a Berlusconi.

Quién sabe cómo juzgará Napolitano su propia trayectoria. Pero no me extrañaría que considerase que todos sus errores y aciertos no han sido más que pasos en un aprendizaje que le ha permitido ser el gran presidente que ha sido. De lo que tengo menos dudas es de que su trayectoria le permitirá mirar a la actualidad política con la distancia del que sabe que al final los aspavientos y los golpes en el pecho, por sinceros que se pretendan, al final sirven para poco, y que con suerte la enésima toma de postura ante el último acontecimiento histórico nos permitirá aprender algo. Quizás, ante este año histórico (el enésimo), no sea mala idea intentar tomarnos la política con la distancia de Napolitano. 

domingo, 4 de enero de 2015

Empieza el año dando la razón a la persona que más quieres


Leía estos días este artículo de Politikon, cuyo éxito en 2014 quizás sea la mejor noticia política de los últimos tiempos, y me encontré con este fantástico gráfico, que produjo en mí un efecto inesperado:








Las leyendas son bastante explicativas, pero merece la pena explicarlo un poco: esencialmente este gráfico nos dice cómo los partidos políticos mostrados se reparten el electorado dependiendo de su ubicación en el "eje ideológico" izquierda (1) -derecha (10). En concreto, el gráfico es el resultado de apilar las distribuciones que nos dicen qué porcentaje de votos obtiene cada partido en cada punto de ese eje. Así, las distribuciones se superponen partiendo de la distribución violeta de Podemos, que como vemos tiene un notable pico en el 3, y acabando con la distribución de los que no simpatizan con ningún partido, en gris.

El gráfico resultante es una especie de montaña gris en cuyo interior casi es posible ver grutas, lagos internos, vetas de raros minerales y donde incluso habrá quien vea monstruos durmientes. Pero también es posible apreciar que la montaña tiene una corteza más gruesa en algunas zonas. En concreto, entre el 4 y el 5 vemos un grueso estrato de color gris. Eso quiere decir que una gran parte de los electores que no sienten simpatía por ninguno de esos partidos (ni por ningún otro), nada menos que un 22% de potenciales electores, se sienten mayoritariamente próximos a posiciones de centro-izquierda (porque el centro, en esta escala, está entre el 5 y el 6).

Y me dio por pensar qué perfil podrían tener esos electores. Quizás sean electores que creen que España es un país con un balance de virtudes y defectos bastante similar al de cualquier otro país avanzado, algo que nos ha permitido alcanzar niveles de vida y libertades políticas sin precedentes, y para los que las llamadas a “romper la baraja” de Podemos suenan insensatas. Personas que creen que nuestro modelo territorial puede ser reformado para ser más eficaz, transparente y solidario, pero que difícilmente lo será si la reforma sigue el camino que marcan los nacionalistas. Personas que son conscientes de que el mantenimento del estado del bienestar empieza por no gastar más de lo que se ingresa, pero que seguramente consideran que hay modos más eficaces y justos de cuadrar las cuentas que los que ha puesto en práctica este Gobierno. Personas que consideran que, con todos sus defectos (de los que todos somos responsables, que para eso llevamos trabajando en ello décadas), el proyecto de una verdadera Unión Europea es irrenunciable. Personas que no creen que sea posible la equidistancia entre deudores y acreedores, no desde un punto de vista moral (terreno pantanoso), sino meramente práctico: el juego que sustenta el sistema difícilmente funcionaría si los que prestan dinero no pudieran contar con que les será devuelto. Personas que aún así saben que este juego puede ser diabólicamente complejo e impredecible, que sus reglas están condenadas a ser siempre mejoradas y mejorables, y que por eso es justo crear una red de seguridad resistente para los perdedores.

En definitiva, pensé que quizás esos potenciales electores compartan algunas de las ideas con las que he dado la matraca por twitter de modo constante durante bastante tiempo, y algo más ocasionalmente en el blog (también lo hago en privado, con una cerveza por delante, cuando me dejan). Ideas en las que también insisten otros muchos afortunadamente con más eco que yo (algunos de ellos amigos - véase a quién sigue el tal @samuel_MI), pero que jamás sospeché que pudieran tener alguna utilidad desde un punto de vista electoral. Ese gráfico, amigos (voz temblorosa), nos está dando la razón.

Así, un buen deseo para este 2015 sería que los partidos entendieran la oportunidad que ofrece ese espacio político. Una unión de UPD y Ciudadanos quizás podría aprovecharla, porque está claro que los magenta por sí solos han sido incapaces de hacerlo. Otro candidato a ocupar ese espacio sería el PSOE, pero el mensaje que se destila de la polifonía inconsistente que producen sus líderes últimamente parece más interesado en disputar el terreno a Podemos. Es posible que como estrategia tenga sentido, pero opino que es un terreno en el que lo tienen difícil contra Pablo Iglesias y los suyos. Y además no hay que perder de vista una verdad fundamental, ilustrada por la foto de abajo (sacada hace poco en Lavapiés): nada de lo que hagan servirá para convencer a los elegidos de la Verdadera Izquierda.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Notas previas al 9N

Tras largos meses de preparativos, mañana llega por fin el dichoso día (en los dos sentidos, según a quién se pregunte). Es difícil prever cómo acabará la fiesta: mi previsión es que no será una jornada muy diferente de las últimas Diadas y que, una vez desahogados y votados todos (incluidos Spiderman y el Pato Donald), el lunes Cataluña seguirá siendo un trozo de España.

Escribo el párrafo anterior mirando de reojo la frase de Orwell que encabeza mi blog porque, en fin, la realidad tiene a veces la fea costumbre de ser impredecible. Por eso quizás sea mejor fijarse en otras cuestiones, por ejemplo en cómo algunos de nuestros colectivos preferidos encaran esta recta final antes del 9N tras todos esos debates que tanto nos han ayudado a crecer como personas (porque para crecer como plantas tendrían que regarnos). 

Comencemos por los independentistas, y para hacerlo nada mejor que este documento:



Dicho de otro modo: si la cosa va bien para los independentistas, la secuela de La vida de los otros la rodarán en BCN. Y si va mal, siempre podrán rodar un simpático Goodbye Mas donde hay que ocultarle a alguien que durante el coma no se llegó al estat propi.

También habrá que decir algo sobre los de Podemos, aunque sea para ganarnos unos clicks y contribuir a la ola. Ayer mismo leía lo que tenían que decir del 9N  dos de sus líderes:  si leen cuidadosamente la engolada pieza autopromocional verán que estos paladines de la igualdad se olvidan de invocar el concepto de solidaridad, un olvido similar (¡ay!) al de nuestra más tradicional e institucional izquierda. Pero qué podemos decir de quien en el mismo párrafo se posiciona a favor del derecho a decidir y muestra su preocupación por "la minoría privilegiada que se ha situado por encima del Estado de derecho"...bueno, algo podemos decir: que ahora sabemos mejor qué entienden ellos por Estado de derecho.

Pero dejemos a los de Podemos para otro momento y centrémonos en uno de nuestros colectivos preferidos. Si uno calcula el lugar geométrico cuyos puntos están a la misma distancia de tirios y troyanos (¡oh!) es muy posible que encuentre al señor Brachandell, notable exponente de los equilibristas equidistantes, que llegan a esta recta final frescos como una lechuga y dispuestos a hacerse la foto finish meneando la cabeza con su habitual gesto de resignación filosófica. Este equilibrista, en particular, afea a los contrarios a la consulta que consideren a los soberanistas "tontos irracionales" por señalar los costes que tendría la secesión.  Al parecer para el señor Brachandell el debate político no se debe basar en estas incómodas cuestiones materiales sino en quién combina mejor los colores. Y por supuesto no habla de principios: como si en este debate los principios de unos y otros tuvieran el mismo peso.

Y en esto tiene algo de razón el señor Brachandell, porque, como llevamos diciendo aquí desde hace tiempo, el problema es que frente al nacionalismo catalán ha faltado un debate de principios, sobre todo desde la izquierda. Es ése uno de los méritos de Libres e Iguales: posicionarse frente al nacionalismo blandiendo principios como el de ciudadanía, diversidad y solidaridad. Así lo hacen en el artículo que sus promotores publicaban ayer en el New York Times. Por ese motivo yo también firmé el manifiesto, aunque no me acabara de convencer eso de que "proliferan maniobras opacas para ofrecer nuevos privilegios al nacionalismo a costa de la soberanía de los españoles" (¿qué maniobras son esas?). Pero no podía evitar estar de acuerdo con quien pide que se trabaje "por la deslegitimación intelectual y política del nacionalismo".

Esta es más o menos la situación a pocas horas del gran día. Dicho todo esto y, a la espera de acontecimientos, les dejo con sus ocupaciones.  Y a todos esos fans que me leen y no me conocen (calculo que son dos o tres) les dejo buscándome entre los firmantes: si me encuentra, imaginen  que desde esa lista les mando un cordial saludo.

martes, 4 de noviembre de 2014

domingo, 26 de octubre de 2014

miércoles, 15 de octubre de 2014

Una ventana de Edimburgo

Después de pulsar la situación catalana en los balcones de Barcelona, las circunstancias de esta vida loca que llevo me llevan a Edimburgo, donde me espera N. Por entonces aún no sabíamos si lo de Artur Mas el 9N iba a ser una cacicada o si simplemente sería una pantomima e intercambiamos impresiones sobre el asunto, impresiones tan variables como la sucesión de (¡chiquitodelacalzadescos!) pasitos para adelante y para atrás del President, que algún día algún investigador ocioso modelizará como un movimiento browniano. La discusión, como siempre, no lleva a ninguna parte, y no acertamos a predecir dónde nos llevará la errática danza de Mas. Pero mi paseo por Edimburo me hace pensar que, en el fondo, ni falta que hace saberlo. Porque alzando la vista por sus calles, como en Barcelona, me encuentro  con un anticipo del panorama que nos encontraremos cuando el President de turno culmine con éxito su secular murga y logre por fin que el Pueblo elija su propia aventura.