Leía estos días este artículo de Politikon, cuyo éxito en 2014 quizás sea la mejor noticia política de los últimos tiempos, y me
encontré con este fantástico gráfico, que produjo en mí un efecto inesperado:
Las leyendas son
bastante explicativas, pero merece la pena explicarlo un poco:
esencialmente este gráfico nos dice cómo los partidos políticos
mostrados se reparten el electorado dependiendo de su ubicación en
el "eje ideológico" izquierda (1) -derecha (10). En concreto, el
gráfico es el resultado de apilar las distribuciones que nos dicen
qué porcentaje de votos obtiene cada partido en cada punto de ese eje. Así, las distribuciones se superponen
partiendo de la distribución violeta de Podemos, que como vemos
tiene un notable pico en el 3, y acabando con la distribución de los
que no simpatizan con ningún partido, en gris.
El gráfico
resultante es una especie de montaña gris en cuyo interior casi es
posible ver grutas, lagos internos, vetas de raros minerales y donde
incluso habrá quien vea monstruos durmientes. Pero también es
posible apreciar que la montaña tiene una corteza más gruesa en
algunas zonas. En concreto, entre el 4 y el 5 vemos un grueso
estrato de color gris. Eso quiere decir que una gran parte de los
electores que no sienten simpatía por ninguno de esos partidos (ni
por ningún otro), nada menos que un 22% de potenciales electores, se
sienten mayoritariamente próximos a posiciones de centro-izquierda (porque el centro, en esta escala, está entre el 5 y el 6).
Y me dio por pensar
qué perfil podrían tener esos electores. Quizás sean electores que
creen que España es un país con un balance de virtudes y defectos
bastante similar al de cualquier otro país avanzado, algo que nos ha
permitido alcanzar niveles de vida y libertades políticas sin
precedentes, y para los que las llamadas a “romper la baraja” de
Podemos suenan insensatas. Personas que creen que nuestro modelo
territorial puede ser reformado para ser más eficaz, transparente y solidario,
pero que difícilmente lo será si la reforma sigue el camino que
marcan los nacionalistas. Personas que son conscientes de que el
mantenimento del estado del bienestar empieza por no gastar más de
lo que se ingresa, pero que seguramente consideran que hay modos más
eficaces y justos de cuadrar las cuentas que los que ha puesto en
práctica este Gobierno. Personas que consideran que, con todos sus
defectos (de los que todos somos responsables, que para eso llevamos trabajando en ello décadas), el proyecto de una verdadera Unión Europea es
irrenunciable. Personas que
no creen que sea posible la equidistancia entre deudores y
acreedores, no desde un punto de vista moral (terreno pantanoso), sino meramente
práctico: el juego que sustenta el sistema difícilmente funcionaría
si los que prestan dinero no pudieran contar con que les será
devuelto. Personas que aún así saben que este juego puede ser
diabólicamente complejo e impredecible, que sus reglas están condenadas a ser siempre mejoradas y mejorables, y que por eso es justo crear una red de seguridad resistente
para los perdedores.
En definitiva, pensé que quizás esos potenciales electores compartan algunas de las
ideas con las que he dado la matraca por twitter de modo constante
durante bastante tiempo, y algo más ocasionalmente en el blog
(también lo hago en privado, con una cerveza por delante, cuando me
dejan). Ideas en las que también insisten otros muchos afortunadamente con más eco que yo (algunos de ellos amigos - véase a quién sigue el tal @samuel_MI), pero que jamás sospeché que pudieran tener alguna utilidad desde un punto de vista electoral. Ese gráfico, amigos (voz temblorosa), nos está dando la razón.
Así, un buen deseo para este 2015 sería que los partidos entendieran la oportunidad que ofrece ese espacio político. Una
unión de UPD y Ciudadanos quizás podría aprovecharla, porque está claro que
los magenta por sí solos han sido incapaces de hacerlo. Otro
candidato a ocupar ese espacio sería el PSOE, pero el mensaje que se
destila de la polifonía inconsistente que producen sus líderes
últimamente parece más interesado en disputar el terreno a Podemos. Es posible
que como estrategia tenga sentido, pero opino que es un terreno en el que lo tienen difícil contra Pablo Iglesias y los suyos. Y además no hay que perder de vista una verdad fundamental, ilustrada por la foto de abajo (sacada hace poco en Lavapiés): nada de lo que hagan servirá para convencer a los elegidos de la Verdadera Izquierda.
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