miércoles, 21 de mayo de 2014

Coincidencias felices (y no tanto)

Empecemos por una coincidencia simpática: no me dirán que no tiene gracia que dos de mis columnistas de cabecera se apelliden Montanelli y Montano. Los dos llevan acompañándome ya unos cuantos años: el primero me acompaña en diferido, con sus libros: no pasa un año sin que lea un Montanelli y este año, como saben, ando paladeando poco a poco los  Controcorrente que publicó en Il Giornale. Montano, por su parte, ahora me acompaña en directo con sus columnas en Zoom News, aunque llevaba años haciéndolo desde su blog. El caso es que esta lectura simultánea deparó ayer una coincidencia temática y, como prefiero escribir sobre dos cosas a escribir sobre una, me he decidido a esbozarla en este cuaderno. 

Escribía ayer Montano sobre las reacciones a la estratosférica metedura de pata de Cañete y titulaba su columna, inspirándose en mis admirados Faemino y Cansado (¡otra coincidencia!), "Una conjunción maravillosa" (no hará falta señalar que la diferencia entre conjunción y coincidencia es de matiz). Empezaba así:
Hace unos años Faemino y Cansado empezaron una actuación en Málaga exclamando: "¡Es para nosotros una gran alegría estar en Málaga!". El público aplaudió por la deferencia, pero los cómicos siguieron: "Es algo que decimos en todas partes. Cuando estamos en Zaragoza también decimos que es una gran alegría estar en Málaga. Y cuando estamos en Albacete igual. De manera que cuando lo decimos y estamos realmente en Málaga se produce una conjunción maravillosa". 
Siempre dice que la derecha es machista, homófoba, racista y, sobre todo, facha. Lo dice incluso cuando no lo es, que a estas alturas es la mayoría de las veces. Por eso, cuando de pronto sí que lo es, como con las desdichadas palabras de Cañete en lo relativo al machismo, se produce una conjunción maravillosa. Se ceba entonces en su presa con un énfasis que en el fondo delata la gratuidad de las acusaciones habituales...
Leía a Montano por la mañana, vía Twitter. Y por la noche, ya en la cama, me encontré con esta pieza de Montanelli cuando iba a por mi dosis diaria de Controcorrente, una nota escrita por el periodista italiano el 11 de Septiembre de 1976 (una nota que, por cierto, también me hizo acordarme de mi amigo Josepepe). Testigos presenciales aseguran que cuando terminé de leerla cerré el libro, me incorporé y me puse a aplaudir: 
Es hoy el tercer aniversario de la muerte de Salvador Allende. Y cuanto más tiempo pasa, mejor se ve qué tragedia fue para el pueblo chileno. Al lamento por la libertad perdida, tenemos que añadir la burla de esos anatemas contra el nuevo régimen lanzados por Jefes de Estado, de gobierno y de Partido que pueden, sí, dar lecciones a Pinochet, pero sólo de eficiencia y ferocidad policial. Estos demócratas entre comillas que son a los demócratas lo que los murciélagos a los ángeles. Inclinémonos frente a la tumba de Allende, pero alejados del coro de ciertas plañideras. Renard llamaba al luto "la mentira negra". 
Por si la coincidencia temática no resulta evidente para las criaturas que viven fuera de mi cabeza, intento señalarla: creo que al maestro Montanelli no le habría importado decir, parafraseando a Montano, que muchos de los que condenaban al régimen de Pinochet lo hacían con un énfasis que delataba su mala conciencia, o mejor, que su énfasis delataba la necesidad de cubrir con grandes aspavientos sus vergüenzas. Algo similar a lo que le ocurre con cierta izquierda con las críticas a Cañete: con el estruendo de sus aparatosas críticas, que por una vez dan en el blanco, intentan disimular todas las veces que han fallado el tiro - y no porque no haya lugar para la crítica a la derecha, sino porque están tan desorientados que la mayoría de las veces no saben ni dónde apuntan. 

En definitiva, que ciertos énfasis en política siguen siendo delatores, hoy como hace cuarenta años. Otra coincidencia.

domingo, 30 de marzo de 2014

11-M a destiempo, diez años después

Pasan las páginas de este cuaderno y nos dan diez años desde el 11-M, como nos dieron diez años desde aquel otro once. Y marzo se nos va sin que haya dedicado unas líneas a este aniversario, así que toca hacerlo a destiempo. Aunque como dije, como verán, tiene cierto sentido que así sea.

Tiene sentido porque yo viví el 11-M a destiempo. Cuando desperté aquel once de marzo los trenes ya habían reventado: dormía hasta tarde porque, con un desparpajo notable para alguien que llevaba unas pocas semanas trabajando, había pedido un par de días libres para venir a Italia para econtrarme con F. en Milán, donde su amiga C. celebraba su licenciatura en derecho. Por entonces, ni que decir tiene, ni siquiera sospechaba que diez años después estaría escribiendo este cuaderno.

Recuerdo pocas cosas de cómo pasé aquella mañana. Recuerdo la rabia y la tristeza ante las imágenes y los testimonios por televisión. Y mi desconcierto. Recuerdo haber respondido SMSs y algunos correos de amigos del erasmus preocupados; los locales no lo estaban, porque sabían hace tiempo (antes de que me despertara) que yo estaba bien. Recuerdo haber salido a toda prisa hacia Manuel Becerra donde, al parecer, se podía donar sangre: cuando llegué no había rastro de dónde hacerlo. Recuerdo haber estado convencido de que había sido ETA; recuerdo bajar andando Alcalá (desconcertado) siguiendo el espeluznante recuento de muertos por la radio. De algún modo las horas pasaron y yo me subí a mi avión; sé que me apenaba irme, pero que me aliviaba volver a tiempo para votar. El único modo de responder a esos hijos de puta, pensaba, era votar. A saber por qué.

Estuve hasta el 14M por la mañana en Milán. De España me llegaban simplemente lejanos ecos (recordemos que entonces no teníamos todos esmarfón): la pista islamista, los posibles suicidas, las denuncias de manipulación del gobierno, las protestas callejeras frente a las sedes del PP...pero no sabía exactamente qué estaba pasando. Recuerdo, eso sí, haber hablado con un amigo de C. en su fiesta, (seguramente con algún negroni de más) de lo preocuado que estaba por la tensión que se estaba creando en España. El 14M volví a España, me reuní con mis amigos del barrio en el banco del parque de siempre y fuimos a votar con las caras largas. Recuerdo haber escuchado con alivio cómo Rajoy aceptaba su derrota electoral por televisión. No recuerdo haber experimentado alegría.

Vivir así esos días me permitió observar lo que vino después con cierta distancia: la que te da no estar cegado por la luz que inunda a los que están en el lado correcto de un relato de buenos y malos. No sé si es posible construirse ese relato, pero a mí las circunstancias me lo impidieron en su momento y después he preferido no hacerlo, porque me duele rememorar esas fechas. Y esto me permtió ver con cierta objetividad cómo se había emponzoñado la vida política española, en especial cómo esas jornadas habían sentado terriblemente mal a los que podía considerar "los míos". En este sentido, creo que algunos de los peores errores de Zapatero, allá donde se mostró más sectario, no habrían sido posibles de no haber estado todos envueltos en ese pegajoso ambiente de desconfianza mutua. Tampoco olvido a quienes contribuyeron a hacer más pegajoso ese engrudo con sus teorías (aunque ahora reconozcan, ¡admirable ejercicio de honestidad intelectual!, que en lo fundamental se equivocaron).

De esa atmósfera, por suerte, no queda demasiado: llegó el terremoto económico y, con él, nuestras preocupaciones pasaron a ser otras. Abriendo el encuadre, hay incluso quien sostiene que el 11-M no fue el inicio de nada, sino que simplemente sirvió para que se pusieran de manifiesto algunas de las peores facetas de nuestra sociedad, que vuelven a emerger constantemente (aunque, por favor, no me vengan con lo de las dos Españas, que bastante daño han hecho ya otras supuestas identidades históricas inmutables, esas terribles ficciones). No hemos vuelto a tener un atentado terrorista similar, algo por lo que no habría apostado esos días: las primeras veces sirven para demostrarnos que lo que ocurrió puede volver a ocurrir. El 11-M, incluso este décimo aniversario, hoy no sirven más que para el recuerdo, en el mejor de los casos, o para que unos cuantos suelten unas voces en twitter. Pero pasados unos días veo que todo eso se ha desvanecido. Y queda sólo la huella indeleble, constante, y profunda en aquellos que verdaderamente lo sufrieron. Los que piensan en aquel día todos los días. Fueron muchos, pero en el fondo eran pocos. Piensen si no en cuántos estamos hoy acordándonos de ellos, a destiempo. 


martes, 11 de marzo de 2014

El cuaderno en las cintas de Albert

El amigo Albert me pasó hace unas semanas un cuestionario dificilísimo que, tras largas jornadas de insomnio, ayuno y un par de retiros espirituales, logré responder. Hoy ha decidido colgar mis respuestas en su estupendo blog junto con una semblanza increíblemente elogiosa (y por ello algo injusta), cosa que íntimamente le agradecemos. Por si esto no fuera suficiente para estar satisfecho, no puedo evitar estar orgulloso de compartir cuestionario y espacio con gente querida y admirada en este blog como Josepepe, Tsevan Rabtan o Perroantonio, y de haber resistido a la tentación de leer sus respuestas y copiarlas sin disimulo. No se pierdan el blog ni esta serie, que esperamos que culmine con Albert respondiendo a sus propias preguntas con la naturalidad y la elegancia con las que transcribe sus cintas.

Todo esto puede servirles para distraerse un poco en esta triste efeméride. De hecho pensaba escribir algo para hoy sobre cómo viví esos días pero, bien pensado, tiene sentido que lo haga a destiempo. En unos días les explicaré por qué.

Hasta entonces les dejo con Albert, sus preguntas y mis respuestas. Y con mi agradecimiento: Gracias, Albert.


viernes, 28 de febrero de 2014

Saber y no saber del "Belvedere"


Qué ganas las mías (qué ganas las nuestras) de saber, de saberlo todo, cuando tan indispensable para el placer de saber, para obtener la satisfacción de saber, es no saber previamente; y cuando sólo no sabiendo (cuando no sabemos) podemos experimentar sensaciones que difícilmente podríamos experimentar sabiendo. Sé que la frase trae ecos de Marías: quizás porque estoy aún bajo los efectos de “Mañana en la batalla...”, o quizás porque me acuerdo (y me compadezco) de su inseparable Pérez – Reverte quien, inmortalizado por Muchachada Nui, decía aquello de “yo lo sé todo... hasta lo nuevo lo sé”. 





Pues bien, yo no sabía nada del torso del Belvedere cuando me lo encontré en el centro de una de las salas del Museo del Vaticano. Por eso, al verlo sentí una de esas punzadas que uno siente sólo ante un descubrimiento; una punzada casi de intimidación ante la imponente figura mutilada, que parece dispuesta a ponerse en marcha. Inmediatamente surge la duda de si no será la combinación de lo que vemos y de lo que le falta al coloso (de lo que sabemos y de lo que no sabemos de él) lo que le da esa potencia. Pienso entonces de nuevo en su nombre – el torso del Belvedere, de la bella vista (no sabía entonces a qué se debe ese nombre, sigo sin saberlo) - y entre los múltiples colosos sugeridos puedo imaginarme a un coloso jovial, encaramado en una tapia desde la que se divisan los tejados de Roma, dando patadas al aire como un niño. “El rotundo torso fue una fuente de inspiración para Miguel Ángel”, me informa asépticamente la voz de la audioguía. “Se estudia en todas las escuelas de arte”, me dice mi sabia acompañante.





Seguí recorriendo el museo experimentando asombros de otra índole, como en las estancias de Rafael (de las que ya sabía) llegando así a la Capilla Sistina. Y allí pienso que Miguel Ángel quizás sintio una punzada similar a la que sentí yo ante el torso del Belvedere y vio, entre los múltiples colosos sugeridos por el coloso, a uno implacable, capaz de impartir justicia el fin de los días. 



jueves, 13 de febrero de 2014

Sobre lo de Letta y Renzi, a vuelapluma

Llego un poco fundido a mis tareas de corresponsal, pero la actualidad apremia y yo me debo a mi público. Como sabrán, lo más probable es que mañana a estas horas Matteo Renzi esté formando gobierno, siguiendo las instrucciones de Giorgio Napolitano, mientras que Enrico Letta se despedirá -quizás para siempre- de Palazzo Chigi. Merece la pena decir unas cuantas cosas sobre todo esto.

Empecemos hablando de Letta. No puedo evitar que me caiga simpático un tipo que gozaba de la consideración de alguien tan juicioso como Giorgio Napolitano, que eligió como ministra a Cécyle Kyenge (sacando de quicio a los racistas que pululan por Italia, especialmente a la Lega Nord) y que dedicó esa carcajada y esa apreciación irónica -è un grande- a la penúltima contorsión política de Berlusconi, con la que daba su apoyo al gobierno (tras varias semanas amenazando con lo contrario):



Sin embargo, hay que señalar unas cuantas cosas. La primera es que su gobierno era tremendamente inestable, tanto que los trescientos días que (casi) ha durado parecen casi un milagro. La segunda es que Letta difícilmente puede considerarse como el guardián de las esencias izquierdistas del PD que ha sido derribado por el centrista Renzi: el todavía primer ministro provenía de la Margherita, un partido de ex-democristianos del que saldría uno de los candidatos más inoperantes que ha dado el centroizquierda italiano: il piacione Rutelli, quien últimamente ha visto la luz y suelta unos sermones que ríanse de nuestro Fernández Díaz. Fue precisamente el centrismo de Letta determinante para que Napolitano le confiara un gobierno de gran coalición.

Despachado Letta (también por mí), toca hablar de Renzi. Sin duda hoy Renzi ha conseguido lo que llevaba buscando desde que ganó las elecciones primarias. Hay quien considera peligroso a un tipo que ha llegado al poder haciendo uso de las nuevas tecnologías y de los medios. Conviene recordar que tanto twitter y tanto facebook fue inútil contra un político de la vieja escuela como Bersani, y que sólo la derrota del (este sí) ex-PCI le dio una segunda oportunidad para liderar el PD. Y tampoco está de más desempolvar los silogismos y decir que que todos los berlusconianos queden bien en la tele no implica que todos los que quedan bien en la tele sean berlusconianos.

El de Renzi es un gesto audaz y para mí difícil de entender, porque le coloca al frente del gobierno en una posición muy complicada, bastante más de la que tendría tras unas elecciones en las que (presumiblemente) habría ganado ampliamente -el escenario que todos preveíamos hasta ayer. Porque ahora mismo su única posibilidad de formar un gobierno estable pasa por llegar a acuerdos con un socio tan poco fiable (y tan erosionador de su base política) como Berlusconi. Puedo equivocarme, pero si Renzi no logra hacer un puñado de reformas convincentes y un gobierno más largo que el de Letta, su futuro político quedará seriamente dañado. Lo que es indudable es que ha dado un golpe de autoridad y que el Partito Democratico ha unido definitivamente (y quizás por primera vez en su breve historia) su suerte a la de su líder, y triunfará o se hundirá con él. Veremos qué pasa.

jueves, 23 de enero de 2014

Una carcajada con Montanelli (y con la actualidad política italiana)

"En una conferencia de prensa en Nueva Delhi, Henry Kissinger ha declarado que vendrá a Roma e irá a almorzar con el presidente Leone, pero que no hablará de política porque la política italiana es, para él, demasiado difícil de entender. Es la primera vez que Kissinger reconoce los límites de su propia inteligencia. Pero queremos tranquilizarle. Hay cincuenta y cinco millones de italianos que no entienden la política italiana, incluidos los que la hacen".

Al encontrarme con esta pieza de Montanelli el pasado domingo en la recopilación Il meglio di Controcorrente  (mi Montanelli de este año) no pude reprimir una carcajada. La retranca del maestro sin duda tuvo que ver, pero lo gracioso para mí es que este Controcorrente, escrito en 1974, suponía un colofón inmejorable a una jornada en la que había intentado entender el acuerdo que se estaba fraguando entre Renzi y Berlusconi para reformar la ley electoral italiana. Sin éxito, naturalmente.

A mi confusión contribuyeron varios factores, entre ellos que me intenté enterar de lo que pasaba a través de la Repubblica, que el domingo informaba de lo ocurrido en la reunión privada entre Renzi y Berlusconi con una profusión de detalles que tiendo a considerar sospechosa, salvo para un narrador omniscente o un Diego Torres. Desde entonces, por suerte, los protagonistas han hablado sobre el acuerdo y sabemos con certeza algunas cosas: para entender por dónde parece que irá la nueva ley, les recomiendo que lean lo que ha escrito Pablo Simón en Politikon (una lectura doblemente recomendable para los que consideran que la ley electoral española es la fuente de todos los males patrios). Ahí también encontrarán los motivos por los que no me acababa de creer la información de La Repubblica, en particular que se empeñaran en llamar "ley a la española" a la ley electoral en ciernes (cuando efectivamente se parecen como un huevo a una castaña) y que sorprendentemente la nueva ley mantenga los rasgos por los que la presente ley electoral (cariñosamente conocida como porcellum) fuera declarada inconstitucional, como la existencia de un "premio de mayoría" (diputados extra para la lista más votada, por la cara) y las listas cerradas y bloqueadas.

¿Cómo se explica entonces este acuerdo, que además da vida política al pernicioso Berlusconi? Se puede entender en parte. Con la ley electoral vigente declarada inconstitucional, era necesario aprobar otra; Monti y Letta lo intentaron sin éxito y Renzi, tras ser rechazado por los muchachos de Grillo (que siguen con su heroica tarea de señalar con el dedito sin descender a compromisos reales), ha tenido que dirigirse al que todavía hoy es el líder del mayor partido de centro derecha italiano. Por otro lado, si el centro izquierda aprobara una ley sin su apoyo habría cometido el mismo atropello que Berlusconi y los suyos cuando aprobaron el porcellum sin contar con la oposición (aunque también podría decirse ahora que dejar a los grillini fuera es dejar fuera a la oposición). Además parece que la nueva ley debería corregir el bicameralismo perfecto actual, culpable entre otras cosas de que Letta, pese a la mayoría de su partido (el PD) en el parlamento, tenga que gobernar con los berlusconianos-hasta-hace-dos-días-pero-ya-no-por-otras-carambolas, y eso es algo que al parecer agrada a Napolitano, al que siempre hay que escuchar. En definitiva, que Renzi ha tomado una decisión discutible, pero hay que reconocer que en esta mano no tenía muy buenas cartas. Y quizás la política, en el fondo, vaya de eso.

Ah, cuánto aprendemos con la política italiana. Aunque no entendamos nada, como decía Montanelli.

lunes, 6 de enero de 2014

Más comentarios arcadianos

Publicaba anteayer Arcadi Espada su habitual carta de los sábados y los arcadianos no tardamos en ponernos a comentarla de nuevo en Twitter (sin ponernos de acuerdo, naturalmente). Antes de seguir, procede aclarar lo de arcadianos, y lo de de nuevo. Por arcadianos entiendo a los que coincidimos en los comentarios del primer blog de Arcadi Espada, los famosos Diarios, de cuyo inicio hace ahora diez años (aunque yo tardé un tiempo en hacerme asiduo). Y lo de de nuevo se debe a que en estos diez años esos arcadianos no hemos dejado de discutir en torno a los temas que va proponiendo Espada: primero en los Diarios, después en otros blogs, ahora en Twitter. Como hicimos anteayer.

Y con esto vuelvo a la carta que mencionaba al principio. Trataba, como es habitual, del nacionalismo catalán, y en particular sobre las reacciones que ha suscitado otra carta, la de Mas: esa con la que el President intentaba explicar sus fabulosos planes a distintos líderes europeos. Espada parecía descontento con el tono general de las reacciones, en particular, se lamentaba de que ...

"..(l)a schulzeuropa quiere evitar el debate político y la injerencia. Es llamativa su tibieza moral y política ante el secesionismo de Mas..."

Algunos arcadianos discrepaban de Espada (ser arcadiano - aclaramos- no imposibilita la discrepancia, sino que casi la garantiza) y sostenían que la actitud europea es un sabio modo de evitar publicidad gratuita a la causa nacionalista. Otros, que esas reacciones casi burocráticas llegadas de Europa son las únicas procedentes ante los delirios de Mas. Alguno más sostenía que los líderes europeos deberían haber sido más explícitos sobre las perniciosas consecuencias que tendría para Cataluña constituirse como estado independiente...

Pero yo creo que el lamento de Espada no iba por ahí, sino que conecta con una de sus ideas clave, una de esas dos o tres ideas de las que ha logrado convencerme: la necesidad de establecer un debate de principios con el nacionalismo, sin complejos. Porque ese debate quizás habría frenado el ascenso de los nacionalismos, y cuanto más los retrasemos más difícil será deternerlo. Que Espada opina que esta es una tarea fundamental es algo que está implícito en su denuncia constante de la estupidez nacionalista (que bien puede entenderse como el intento de llenar un vacío) pero también está explícito en sus textos, como en esta frase que subrayaba el otro día el arcadiano Melò:

"Yo creo que al nacionalismo se le ha de dar lo que pide, que es su ridiculización incesante: buena parte de su éxito local se debe a que su carácter no ha sido sometido a una risa batiente, generalizada y demoledora."

En el campo progresista esto es evidente: salvo versos sueltos como Savater, Félix Ovejero y algún que otro bloguero friqui, pocos han dedicado líneas a explicar  que es contradictorio tenerse por progresista y ser nacionalista (o soberanista, o lo que sea): fue quizás por eso por lo que yo me interesé por Espada cuando escribía en El País. Del mismo modo, apuesto a que tampoco se han dedicado demasiados esfuerzos para mostrar la incompatibilidad del nacionalismo con los principios liberales e ilustrados. Para ello no sólo hay que estar libre de complejos cuyo origen ha sido ampliamente discutido, sino que es necesario creer que en el debate político, partiendo de unos principios y usando la lógica se puede mostrar (¡e incluso demostrar!) que determinadas ideas son contradictorias: reconozco que ahí late la creencia en que existe la verdad, sin duda atribuible también en parte a la perniciosa influencia de Espada.

Por eso, seguramente Arcadi Espada desearía que desde Europa se dijera sin rodeos que el nacionalismo es incompatible con el europeísmo, que en un momento en el que estamos intentando construir un espacio donde convivan varias identidades (o donde uno pueda librarse de la insufrible gimnasia identitaria) no tienen cabida nuevas fronteras,  o que ahora que se está intentando ampliar el alcance de la solidaridad en Europa no tiene sentido mutilar los espacios de solidaridad existentes. La reacción de Europa, sin embargo, ha sido la que ha sido. Conociendo a Espada, esto no le desanimirá y seguirá insistiendo cuanto sea preciso en su blog, en sus columnas y en sus cartas de los sábados. Y hace bien, porque puede acabar resultando convincente. Se lo garantizo.

domingo, 15 de diciembre de 2013

La mafia mata sólo en verano

Se escapaba 2013 y yo estaba perdiendo la fe en el cine. Quizás les parecerá un modo un tanto efectista de empezar una entrada, pero verán que no lo es tanto. Repasemos los últimos acontecimientos:

Hace unas semanas fui a ver la aclamada Gravity y qué quieren que les diga: no sé si sería por el doblaje (algún día hablaremos de las veces que he tenido que aguantar la murga de "pero si la escuela de dobladores italianos es famosa en el mundo entero") pero fui incapaz de creerme a la protagonista, Sandra Bullock, y por extensión de atisbar las profundas corrientes sentimentales que al parecer recorren la película. A lo más que llegué fue a apreciar algunos aspectos superficiales, como su espectacular inicio y lo bien que le sientan la ingravidez y los shorts a la Bullock. Esto habría podido ser suficiente en una temporada en la que la cosecha cinematográfica estaba siendo endeble, pero tratándose del fenómeno cinematográfico del año no pude evitar sentirme decepcionado. Pero el hecho que casi dio la puntilla a mi tambaleante fe en el séptimo arte fue saber que "La Grande Bellezza" había ganado el premio a la mejor película en los recientes premios del cine europeo. "La Grande Bellezza", hay que decirlo, es como "La Dolce Vita" si multiplicamos por diez sus (ya nada desdeñables) pretensiones intelectuales mientras la despojamos de todo su encanto, algo que casi se logra sustituyendo al insuperable Mastroianni por el insoportablemente virtuoso Tony Servillo, que no puede estar más pieno di se durante todo el metraje. El resultado es un mejunje francamente infumable, y la noticia me hizo temer seriamente por la salud del cine europeo en su conjunto.

En fin, que poco menos que estaba decretando solemnemente la muerte del noble arte de Kubrick en 2013 cuando ayer F. (¡a la que no elogiamos lo suficiente en este blog!) me sugirió que fuéramos a ver "La mafia uccide solo d'estate", de la que había leído buenas críticas, incluida una de Saviano. Y, amigos, saltó la liebre. Dirigida por Pierfrancesco Diliberto (que por motivos que escapan nuestra comprensión se hace llamar "Pif") nos cuenta la historia de amor entre dos jóvenes en Palermo a lo largo de los años 70-80 con un gran sentido del humor, algo que tiene un mérito indudable porque es una historia marcada (como la vida de tantos palermitanos) por el sangriento Totò Riina.

Viendo la película se operó además un curioso efecto. Últimamente estaba abrigando la sospecha de que una obra de ficción sólo podía atraparme si el autor había planificado todo con la minuciosidad suficiente como para que no sean visibles las costuras (pienso en "Amour" de Haneke; pienso en el epílogo de "Il Nome della Rosa", donde Eco explica la preparación de su estupenda novela). Sin embargo en esta película no sólo se ven las costuras, sino auténticos costurones (por ejemplo, el niño -¡cuidado con ellos, que diría Hitchcock!- protagonista no imita a Andreotti, sino a Toni Servillo interpretando a Andreotti). Y sin embargo, logró conmoverme, quizás por la simpatía de los actores, o por el encantador acento siciliano (¡el que le puso el doblador italiano a Lancaster en "Il Gattopardo"!), o por el fresco e ingenuo sentido del humor... o porque esta película, pese a su ligereza, supone un emocionado recuerdo de muchos de los que dieron su vida en Palermo defendiendo la Ley, esa imperfecta red invisible que nos protege de bárbaros como Riina (lo que a su vez me hizo pensar en lo que ha ocurrido y ocurre en España...). Pero bueno, mejor dejarlo aquí, que un blog como éste debería tener un entrada ligera de vez en cuando. Vayan a ver "La mafia uccide solo d'estate" cuando la pasen por sus pantallas, no se arrepentirán.



viernes, 6 de diciembre de 2013

Un buen día para recordar unas cuantas cosas

Creo que es deseable que los torturadores sean perseguidos por la Justicia y castigados, pero creo que en el caso de los torturadores de la época franquista hay motivos legales y políticos que lo hacen imposible. En otras palabras: para juzgar a los que torturaron en España en los años 60-70 deberíamos renunciar a valiosos principios jurídicos y traicionar un valioso legado político.

Si he empezado con este párrafo no ha sido sólo para dejar clara mi opinión desde el principio, que también, sino para tener una prueba directa de que es posible escribir algo así sin que te estalle la cabeza. Porque siguiendo por la prensa el caso de las peticiones de extradición de (presuntos) torturadores franquistas por parte de una juez argentina, empezaba a sospechar lo contrario. El relato  que muchos izquierdistas fetén elaboran aprovechando este caso, de un modo más o menos explícito (véanse por ejemplo los comentarios a esta noticia) es el siguiente: la democracia española es una democracia incompleta porque estas violaciones de los derechos humanos quedaron impunes y, si los torturadores finalmente no son extraditados (no lo serán) y puestos en manos de la Justicia argentina, se confirmarán las simpatías franquistas del PP y España estará violando la legalidad internacional. Yo creo que este relato se debe a la ignorancia, en el mejor de los casos, o a un interés irresponsable en deslegitimar  nuestras instituciones, en el peor. En lo que sigue explico por qué.

Mi argumento es el siguiente: esas torturas no pueden ser juzgadas porque son delitos que han prescrito y que además fueron amnistiados con la Ley de Amnistía de 1977.  Este sencillo argumento es atacado siguiendo dos líneas, una (digamos) jurídica y otra política.  La línea jurídica de ataque es que "las torturas franquistas son crímenes de lesa humanidad y como tales no pueden prescribir". Esta confusión, alimentada por juristas de más prestigio internacional que nacional, se apoya en el hecho de que algunos crímenes franquistas de la Guerra Civil y la inmediata posguerra encajan sin duda en la definición de crimen contra la humanidad (si bien, al ser crímenes anteriores a esa definición, no podemos aplicársela por el principio de irretroactividad - tan popular últimamente por la sentencia del TEDH sobre la doctrina Parot). Sin embargo, las torturas franquistas en los años 60-70 difícilmente son crímenes de una gravedad suficiente como para merecer esa consideración. Para entenderlo, basta pensar que en esos mismos años ocurrieron violaciones de los derechos humanos comparables en Portugal,  Sudáfrica o en los regímenes comunistas de la Europa del Este que nadie considera crímenes contra la humanidad (distinto es el caso de lo ocurrido en Chile y en Argentina en los 70, pero es que allí fueron a una escala mucho mayor). Esta línea, en definitiva, no se sostiene.

La segunda línea de ataque, la línea política, me parece aún más discutible. Para algunos, los torturadores han de ser juzgados porque la amnistía que les ampara fue una intolerable imposición del régimen anterior y debe ser derogada. Si dejamos de lado el hecho de que incluso si dicha ley fuese derogada esos crímenes habrían prescrito, de modo que para juzgarlos habría que recurrir a la aberración jurídica de aplicar retroactivamente una extensión de su plazo de prescripción (algo que permitría también, llevando la idea al absurdo, juzgar a algún valiente abuelo que hubiera plantado cara al régimen franquista tras la Guerra Civil), para hacer esta afirmación hay que ignorar las circunstancias en las que dicha ley fue aprobada. Pero basta leer la wikipedia para saber que la Ley de Amnistía fue aprobada con un amplio consenso y con el apoyo de la mayor parte de la izquierda parlamentaria incluyendo el PCE, en un ejemplo más de su ejemplar altura de miras durante la Transición (aunque sus herederos ahora no parezcan recordarlo).  El entusiasta discurso que pronunció Marcelino Camacho en las Cortes explicando el voto afirmativo del Partido Comunista  permite entender el ánimo con el que la ley fue acogida por gran parte de la militancia antifranquista.

Así pues, derogar la Ley de Amnistía no sólo sería un ejercicio inútil para el propósito de juzgar a esos torturadores: supondría además traicionar el acto de generosidad de hombres y mujeres que sufrieron torturas y persecución pero que prefirieron sacrificar sus (comprensibles) deseos de justicia a cambio de lograr la reconciliación nacional. Fue un acto de pragmatismo, una cualidad sólo accesible para aquellos que entienden que hay ocasiones en las que sólo podemos optar por una solución que satisfaga parcialmente algunos de nuestros anhelos: quizás aquellos antifranquistas sabían más de la vida que los nuevos antifranquistas del iPad. Y gracias a esa ley se pudo construir una democracia que puede que tenga defectos, como todas, pero es totalmente homologable con el resto de las democracias europeas (algo que, amigos de la matraca de la democracia formal, no es una mera formalidad: basta repasar la evolución de todos los indicadores de desarrollo de España en los últimos 35 años). Una democracia, en definitiva, en la que ya nadie es juzgado por el bando en el que pelearon sus padres o sus abuelos, a diferencia de lo que ocurría durante los grises años de Franco. Quizás sea hoy un buen día para recordarlo.




(Cuando terminé de escribir estas líneas, con la intención de que aparecieran hoy, supe de la muerte de Mandela. Ojalá algunos de los que elogiarán hoy su imponente legado político y su lucha por la reconciliación en Sudáfrica dediquen un rato a reflexionar sobre la historia reciente de España).

sábado, 23 de noviembre de 2013

Dallas, JFK y el Museo de la Sexta Planta (notas de un cuaderno azul)

Antes de hacerme mundialmente famoso con este cuaderno, tuve unos cuantos cuadernos azules en los que descargaba mis impulsos escritores  (por entonces no conocía alivios tan fáciles como tuíster). El caso es que recuerdo que un cuaderno azul me acompañó en un viaje que hice a Dallas allá por 2008 y, aprovechando la efeméride de estos días, he decidido volver a abrirlo para ver qué me contaba por entonces. Aquí va, sin estilizar apenas (el cierre cursi no deja lugar a dudas):

Dallas tiene un downtown bastante deprimente. Es sin embargo magnífico el Sixth Floor Museum, instalado en el edificio desde donde le volaron la cabeza al presidente. Todo bien explicado, desde los inicios del presidente hasta su muerte, controversias y conspiranoia incluida. Transparencia, tolerancia, apertura a la discusión: lo mejor de EEUU.
***

Es imposible no sentir un escalofrío al asomarse a la ventana que da a Elm Street, desde donde disparó Oswald.
***
Será el ambiente de las primarias, pero los paralelismos entre JFK y Obama son evidentes: jóvenes, guapos, brillantes y con handicap, al menos en teoría (católico el primero, negro el segundo). Y ambos con un mensaje de esperanza y renovación.
***

Cena en un restaurante típico con una banda tocando country de fondo. Ambiente entrañable. La gente tararea distraídamente las canciones, una pareja de ancianos negros baila armoniosamente, niños con calcetines blancos corretean entre las mesas, hay abrazos intensos aquí y allá, celebrando un cumpleaños o qué sé yo. Son hermosos.

(Joder, qué majete era).