jueves, 5 de mayo de 2011

Rabiosa actualidad

Estamos a domingo y basta pasarse por las portadas de las ediciones digitales de los diarios españoles para notar que el interés por la noticia de la semana, que quizás es una de las del año, empieza a decaer. Quizás ahora, pasado el griterío inicial, merezca la pena leer con detenimiento lo que tienen que contarnos.

La verdad es que empiezan a resultarme insoportables estas explosiones mediáticas que siguen ahora a prácticamente a cualquier evento. Lo peor es ver cómo los periódicos, en su afán por acumular más análisis y testimonios que la competencia, acaban dando lugar a una intolerable proliferación de memeces; ocurrió con lo de Japón y el patrón también se ha reproducido esta vez. Entre las chorradas que hemos podido leer últimamente, de las que este fenómeno es quizá solo parcialmente responsable, la que en mi opinión se lleva la palma es esa de que Bin Laden estaba políticamente muerto por la "primavera árabe", opinión que tenemos que valorar en su justa medida viniendo de analistas que no vieron venir esa "primavera" hasta que estuvo delante de sus narices (por no hablar de cómo les pilló el propio 11-S). Tampoco pudo faltar la opinión del listillo que no se cree la historia (o sea que EEUU ha decidido, tras diez años de persecución, dar a Bin Laden una nueva oportunidad de humillarles con una cámara digital y un periódico) o las noticias que nos dicen que el sucesor de Osama es un tipo más radical, sugiriendo implícitamente que quizás no ha sido una buena idea cargárselo (idea destinada a revolucionar el milenario arte de la guerra: no te cargues al líder del enemigo, no vayas a encabronarlo). En fin, que (como casi todo el mundo) he estado leyendo aquí y allá los periódicos últimamente y, esencialmente, puedo decir que ha sido una pérdida de tiempo. Mejor habría sido leer directamente a Robert Kaplan (en Italia su artículo lo publicó el Corriere).

Tampoco estoy yo para análisis más sesudos de lo acontecido, la verdad. Me parece un acto de guerra con encaje dentro de la legalidad internacional, asunto que no es menor cuando se trata de una intervención americana, y ha caído un tipo que se merecía que le pasaran cosas peores. Creo que es una buena noticia, sobre todo para mi amigo Obama.

domingo, 1 de mayo de 2011

Una moral (económica) provisional


Cuenta Descartes que para colocar el primer ladrillo de su sistema filosófico, el "pienso luego existo", tuvo que recorrer un largo camino cuyo punto de partida fue una sensación de que todo lo que había aprendido en sus largos años de estudio no valía para gran cosa. Esta colosal tarea de demolición y reconstrucción intelectual presentaba obstáculos importantes, así como algunos incómodos problemas prácticos porque, si nada de lo aprendido es fiable...¿cómo manejarse en la vida hasta que lleguen las anheladas certezas? Explica el filósofo que tuvo que de arreglarse con "una moral provisonal", que le prescribía, entre otras cosas, elegir las opiniones más moderadas. Esto le permitió sobrevivir hasta que terminó de dar forma a su sistema filosófico, sustentado en su famosa máxima y en el que en un par de pasos (¡ni más ni menos!) se llega a la demostrar existencia de Dios. Pero esta es otra historia.

Leer este simpático pasaje del "Discurso del Método" de Descartes me hizo pensar sobre mi actitud reciente frente a la economía. Resumamos la situación: Todo el mundo sabe (especialmente mis sesudos lectores) que estamos en medio de una crisis financiera de aúpa y muchos son los que dicen que es una crisis del Capitalismo, que debe ser "refundado" -o fundido, según algunos. Lo irónico (para mí) es que esta crisis del sistema ha llegado, precisamente, en un momento de mi vida en el que empezaba a verle el punto al Capitalismo. Como resultado, debo decir que mi desconcierto en materia económica no va a la zaga al desconcierto inicial de Descartes. Por eso, he decidido imitar su camino de demolición y reconstrucción intelectual restringiéndome, eso sí, al ámbito económico (mi tiempo y mi fuerza tienen un límite). Y tendré mi "moral provisional" (algunos saben que hace tiempo que la vengo aplicando): pensaré por defecto que los políticos están haciendo lo que buenamente pueden para que un sistema que es beneficioso para la mayoría no se derrumbre, y sólo aceptaré evidencias que muestren fuertemente lo contrario. Con esta moral me apañaré hasta que logre llegar a sólidas certidumbres que, a diferencia del filósofo francés, no perseguiré sentado al lado de una estufa, sino leyendo obras que mi olfato me indique que pueden ponerme en el camino adecuado, y aquí dejaré constancia de mis avances (si los hubiera). La primera es "Los enemigos del comercio", de Antonio Escohotado. Ni que decir tiene que acepto sugerencias de mis distinguidos lectores, cuyo buen criterio es indiscutible.

sábado, 23 de abril de 2011

It's a dirty job but someone's got to do it

En las últimas fechas he acumulado unas cuantas peplejidades, que bien podrían haberme dado material para escribir una entrada: cómo resolví el asunto del corte de pelo en una barbería milanesa y el ambientillo (olor a laca) que allí se respiraba; cómo me quedé frito en un concierto de rock moderno a más no poder (tocaban los Battles); cómo la ciudad se transforma por un acontecimiento en apariencia tan banal como una feria de muebles (se ve que los muebles son cultura, amiguitos). También podría haber hablado de cómo pude disfrutar de la victoria en buena lid de mi querido Madrid frente al Barcelona en un vibrante partido. Y también podría haber pronosticado que, tras la victoria, alguien asociaría el vigoroso juego del Madrid, que logró doblegar el preciosista juego del Barcelona, con el Mal. Ha tenido que ser José María Izquierdo, quien tiene siempre la pluma a punto para estos menesteres, el que asocie al bueno de Arbeloa con Mayor Oreja, y las tácticas de Mourinho con el alarmismo del dirigente del PP. En fin, seguiremos leyendo El País, pero...¿qué podemos esperarnos de un diario que da aún crédito a la frenología?

jueves, 14 de abril de 2011

Terminar de instalarse

Mientras iba a cortarme el pelo recordaba a Enric González quien, en su estupendo "Historias de Nueva York", venía a decir que para sentirse instalado en una ciudad necesitaba encontrar un barbero y un lugar donde lavar sus camisas (y un pedazo de piso como el que te pusieron en Manhattan, añadiría yo): de ser así, conocida además mi relación de cuasi-alergia a las camisas, estoy a punto de culminar mi proceso de instalación. El asunto del corte de pelo, empero, es más delicado de lo que parece. Porque en Milán el riesgo de que a uno lo trasquilen con uno de esos peinados hitlerianos y/o con las sienes rasuradas y flequillo estilo ensaimada, a la vista del personal que circula por la calle (acompañados, cómo no, de bigotito o de bigote-zorra) es alto.

Al final no he podido zanjar tan crucial asunto, porque el peluquero parece que tenía mejores planes para esta noche y estaba cerrando. Habrá que dejarlo para más adelante. Pero hay más elementos que me hacen pensar que aún no estoy instalado, como por ejemplo mi incapacidad para seguir unos cuantos asuntos interesantes. Por ejemplo, la política española o la italiana, cuyo último episodio, según me cuenta F., es la aprobación de la ley del proceso breve, una ley a medida que librará a Berlusconi y a (otros) criminales variados de tediosos procesos judiciales. O leer regularmente los artículos de Arcadi Espada, que hoy da una nueva muestra de cómo escribir un artículo pendenciero e inteligente. O, ya que lo mencionábamos antes, seguir el blog de Enric González...en definitiva, hacer un hueco para todas estas cosas que hacía habitualmente en Madrid, más una: escribir regularmente en este cuaderno. Aunque logre cortarme decentemente las greñas, veo que aún me queda un buen trecho para terminar de instalarme.

miércoles, 6 de abril de 2011

Ver al Madrid en Milán

El fútbol, como podrán notar, es un asunto importante. Al final logré encontrar un bar donde dan los partidos del Madrid: a base de preguntar insistentemente a prácticamente todo italiano/a que se me ponía a tiro acabó saltando la liebre: G., hermano de C., una buena amiga de F., nos habló de una pizzeria llena de pantallas gigantes en la prometedora zona Garibaldi donde podría ver el partido contra el Tottenham. Allí nos plantamos F. y yo y, sí, la zona parecía prometedora; es una pena que la viéramos sólo fugazmente porque, claro, no quería perderme el himno de la Champions e íbamos un poco justos de tiempo. El partido no tuvo mucha historia desde la expulsión de Crouch, un gesto con el logra arrebatar el título al delantero inglés más cazurro a Wayne Rooney. La diversión estuvo en el resto de las pantallas, donde pudo verse uno de los partidos más absurdos que se recuerdan. Todo era alegría tras el primer gol de Stankovic, heredero del cetro pateador yugoslavo que el facha Mihajlovic dejó en el Inter, pero acabó dando un vuelco por el que nadie habría apostado, con Raúl levantando medio césped de San Siro con uno de sus golitos. Al final del partido algunos comensales pidieron champán. Malditos milanistas.

(Coda: A petición de J., aquí está el enlace donde puede verse el delicioso pase de Seedorf).

domingo, 3 de abril de 2011

Y en el campo, un señor

A falta de opciones mejores, decidí ver el "derby" milanés de ayer en el bar más cercano, regentado por un par de chinas (en esto Milán se parece también a Madrid). La parroquia era una buena muestra de la población del barrio: había un grupo nutrido de albaneses, unos cuantos sudamericanos y dos italianos con pinta de haber vivido a fondo los excesos de los ochenta. Los extranjeros se mostraron muy identificados con los equipos y parecían conocer un montón de palabras malsonantes en italiano, sin duda un éxito desde el punto de vista de la integración. El italiano más locuaz de los presentes parecía más interesado en la moralidad de la hija de Berlusconi que en el fútbol, pues sobre este asunto hacía observaciones puntualmente cada vez que ésta (muy regia ella) era enfocada por las cámaras, en el palco.

El partido fue bastante divertido: Inter y Milán son dos buenos equipos, aunque es curiosa la capacidad del Milán para acumular en sus filas jugadores detestables: Boateng, Van Bommel, Robinho...Pero si mereció la pena verlo fue para disfrutar con el juego de un viejo conocido del Madrid, Clarence Seedorf. A sus 35 años, fue clave en la victoria del Milan gracias a una cualidad de la que carecían los demás jugadores sobre el campo: la de levantar la cabeza y pasar al compañero mejor posicionado. Como ejemplo, la jugada que antecede 2-0 y su deliciosa apertura con el exterior.



Pero pese al 3-0 y a Seedorf, y quizás por el favorcillo que nos hicieron el año pasado, de momento me cae más simpático el Inter.